Por
Walter Episcopo
Balance
Es verdad, este Gimnasia está muy lejos de ser un equipo vistoso, que deleite a los ojos con su juego. Que invite al aplauso al compás del toque y toque de los hombres de azul y blanco. Acaso alguna vez alguien dijo, “el que quiera espectáculo, que vaya al teatro”. El hincha quiere ver ganar a su equipo y punto.
Pero cumple con una premisa fundamental en el fútbol: gana. Y con otra más: no negocia la entrega. Juega con el corazón en la mano. Todos se ponen el overol y luchan. Nadie se esconde. Y así gana. Muchas veces no le sobra nada, por eso no se permite el error.
Dos partidos seguidos, como el reino del revés, Pablo Vegetti asistió desde afuera del área a Franco Niell para que abriera el marcador, con Vélez y Patronato. “Ya le dije que lo voy a hacer salir goleador”, comentaba entre risas Vegetti luego de la victoria en Paraná.
Maximiliano Meza, el hombre sobre el que más se habló en la semana previa, fue de mayor a menor y terminó reemplazado. El equipo necesita el juego del correntino y lo extraña mucho cuando no se conecta
Alexis Martín Arias ataja con una tranquilidad asombrosa, parece que tuviera 200 partidos en Primera, pero sólo van 5 (dos por Copa Argentina y tres por torneo local). La defensa juega con oficio, el medio mete hasta el cansancio y cuando puede juega.
Alfaro ha bajado una línea de juego, el libreto que deben aprenderse los “actores”, a los cuales eligió durante la pretemporada. Y así va paso a paso, creciendo, y lógicamente ganando siempre es más fácil corregir errores.
El primer tiempo fue bueno del Lobo. Prolijo, ordenado, tuvo sus llegadas, hizo un gol, mientras el local prácticamente no inquietó
Tras un arranque intenso del complemento, de ida y vuelta, de golpe por golpe, a partir de los 15 minutos el equipo se fue parando peligrosamente cada vez más cerca de Martín Arias, y se olvidó de mirar el arco rival.
Jugó mal y la pasó mal de verdad, porque si bien el local iba para adelante con desesperación y no muchas ideas, pudo haberlo empatado tranquilamente, de no ser por la brillante actuación de Martín Arias que sacó todo lo que tiraron.
El grupo festejó como un verdadero todo, sin diferenciar titulares y suplentes, porque tres tipos de experiencia como Chirola Romero, el Pampa Romero y el Pollo Bottinelli, que no entraron, alentaron y se abrazaron como si hubiesen jugado.
“el acuerdo de parana”
Párrafo aparte para Alfaro, que venía de horas tensas. También festejó a su manera. Tras la victoria mostró una sonrisa cansada, después de haber dejado atrás las turbulencias. Abrazo con Onofri antes de subir al micro y la promesa, “Gustavo, en la semana nos juntamos y hablamos tranquilos”, del Presidente, que tuvo un “dale, nos hablamos Daniel”, del DT.
Fin de semana para que todos disfruten y reflexionen, que ante todo y más allá de cualquier circunstancia, está Gimnasia. Algo que tres “patas”, como lo son jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, no deben olvidar. La pata que falta es la gente, pero a esa parte ni hace falta decírselo, es el sector que más claro lo tiene.
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