Los médicos diagnosticaron a Hillary Clinton (68) una neumonía el viernes pasado. Pero la enfermedad trascendió ayer, después de que la candidata demócrata tuviera que abandonar de urgencia el acto de homenaje del 11-S en Nueva York por un mareo. Su campaña lo atribuyó en un principio a un “exceso de calor”, pero su doctora, Lisa Bardack, afirmó luego que se había deshidratado y tenía neumonía. Tras el incidente, fue revisada de nuevo en su casa de Chappaqua, en el norte de Nueva York.
Este episodio alimenta la última línea de ataque de su rival republicano, Donald Trump: sembrar dudas sobre la salud de la ex secretaria de Estado. También es combustible para quienes acusan a Clinton de no ser transparente, por revelar lo que ocurre forzada por los acontecimientos, aunque la comunicación de esta dolencia frena especulaciones más graves sobre su salud. Cabe recordar que la ex primera dama tuvo que ser tratada en 2012 por un coágulo formado por una caída que sufrió al desmayarse. Tras una hora y media del acto, en el que también participaba Trump, Clinton se retiró deshidratada y mareada. En un vídeo difundido en Twitter y por varios medios se la ve tambalearse al subir al vehículo en que se fue a la casa de su hija Chelsea, en la ciudad, para reponerse. Al cabo de un rato, salió de allí sonriente y diciendo que estaba bien.
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