Los celos exagerados deben tomarse como la primer señal para estar alerta. Muestran una conducta machista posesiva. Las primeras acciones violentas siempre aparecen enmascaradas y las justificás porque estás con una persona que amás y pensás que sus celos son porque él también te ama. Después te acostumbrás y lo naturalizás.
“No te pongas esto”, “No te juntes con tal persona”, “No vayas a tal lugar”. Entonces pensás, ‘bueno, es porque me quiere’ o ‘está bien que use esta pollera solo cuando estoy en casa, si al fin y al cabo me la regaló él’. Al principio lo tomás como una demostración de amor. Y capaz que te gusta.
Una sin darse cuenta va entrando en ese juego.
Pensás que cuando la relación se consolide él se va a sentir más seguro y los celos van a desaparecer, pero no. Cuando quedás embarazada o tenés un hijo todo empeora. A ellos les genera más inseguridad, sienten que te tienen agarrada y se vuelven más celosos y más violentos.
Lo que antes era un ‘no me gusta que hagas esto, pero si vos querés...’, se transforma en un ‘Ya te dije que no me gusta’.
Empezás a actuar según lo que le gusta y no le gusta al otro. Dejás de ser vos misma. Te comprás pantalones tres talles más grandes y hacés lo que pensás que al otro le va a gustar. Desaparecés. El empieza a manejar tu vida, a decidir por vos.
Es importante darse cuenta a tiempo. Hacerle caso a esa intuición que una tiende a desestimar. Hay que reaccionar. Aceptar que esas actitudes no van a desaparecer, todo lo contrario, van a ir aumentando. Por eso hay que darle importancia a esas primeras alertas. Alejarse a tiempo, antes de que haya criaturas de por medio.
Yo no supe detectar esas primeras alertas. Cuando acepté que esa persona me estaba haciendo mal, ya había mucho daño hecho. Es muy difícil cortar una relación así. Y hay muchas mujeres que vuelven a repetir la historia.
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