Kevin Johansen vuelve a la Ciudad con los The Nada, la banda que lo acompaña en su exploración de los numerosos ritmos que Kevin ha conocido en su vida como nómade que lo llevó a vivir en Nueva York, Montevideo y Buenos Aires y a viajar por toda América.
Por eso, Johansen apoda a su banda “la aplanadora del folk”, referenciando a Divididos: con su aplanadora, el artista americano firmó “Mis Américas”, su nueva producción que presentará mañana a las 21 en el Coliseo Podestá, y que fue grabada en Buenos Aires, Río de Janeiro, Nueva York y varias ciudades más de nuestro continente, con participación de numerosos artistas de la Región, desde Marcos Mundstock y Palito Ortega a Pity Álvarez y Miss Bolivia.
Un “equipo de los sueños” que Johansen montó para grabar una especie de culminación de su espíritu musical que busca “celebrar las diferencias y similitudes de esta gran isla”.
Es un proyecto cúlmine, un círculo que cierra el iniciado por aquel disco que trajo a inicios de milenio bajo el brazo, con “una mirada de Latinoamérica desde Nueva York. Ahora es al revés, la mirada es desde Buenos Aires”. Pero que sea una culminación no implica que sea el final: el subtítulo del álbum reza “Volumen 1/2”, señalando que “esto recién arranca. Son las Américas que conozco yo, entre lo que mamé de chiquito de mi vieja, que era muy latinoamericanista, mi vida en Argentina y los viajes de los últimos años: así terminé de redondear un sonido americano donde la unidad es el folk”,
“Desde nuestro primer disco intentamos encontrar lo compatible entre lo aparentemente incompatible, y afrontar el desafío que propone cada género”, afirma Johansen, quien ha definido el género que interpreta como “des-generado” y quien disfruta de jugar con las formas.
Así, “Mis Américas” pasa por la bachata, el son, la balada, el bolero y también por los ritmos aprendidos en su infancia en Estados Unidos.
“Yo no voy a aproximarme a la música china o al flamenco, el tema es trabajar con lo que uno conoce, y en el continente nada es foráneo, todo te termina resultando familiar”, afirma sobre sus influencias.
Una afirmación que puede leerse en clave política en tiempos de expulsión de inmigrantes y xenofobia. EEl disco dice muchas cosas respecto a este mundo”, afirma, y explica que él, como muchos músicos, “tenemos muy instalado el chip del sueño lennoniano: imagina que no haya países. Y si bien es una ilusión, la música borra fronteras, no pida visas para pasar de una cultura a otra. Es asimilada y después cada cultura se la apropia y la disfraza con sus raíces y sus cuestiones. Al unirse las culturas no se lavan: nada se pierde, todo se deforma, parafraseando a Drexler”.
CONTRA LA SOLEMNIDAD
“Somos una generación que canta sobre nuevas libertades a conseguir: somos herederos de una generación muy pesada de la canción, los músicos eran amenazados, perseguidos, se exiliaban. Nosotros somos una generación que disfruta de las mieles de cantar sobre lo que se nos cante”, dice el cantautor, aunque afirma que eso “conlleva una nueva responsabilidad: yo no puedo cantar sobre lo mismo que Serrat, sobre la libertad y su importancia, sería un demagogo y además gracias a esa generación se consiguieron muchas libertades, con mucho sufrimiento. Pero sí podemos cantar sobre nuevas libertades a conseguir”
“Pero Johansen no quiere caer en la solemnidad, ser “un cansautor”, como le decía el Negro Rada, y enfrentar este momento de muros y grietas con espíritu festivo: “En muchos países la música popular está relacionada a lo triste, el gesto adusto, el ceño fruncido, pero la música popular puede ser muy festiva, porque la fiesta también es una forma de protesta. En este momento de divide y conquista, planteamos unificar. Esa es la tónica de ‘Mis Américas’”.
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