Por
nicolas nardini sensaciones
En toda la Argentina se vivió un viernes distinto y también fue diferente, particularmente, en la ciudad. El frenético cierre de semana laboral, ese que invita a hacer todo a las apuradas en la oficina para ganarle unas horas al ocio, esta vez, quedó de lado.
A nadie le importó si por estar dos, tres, cuatro o cinco horas frente a la TV, tableta, celular o todo dispositivo que sirva para ver imágenes en vivo, se le atrasaba el cierre de su jornada de trabajo o la posibilidad de hacer aquel trámite que, antes de quedar imnotizados ante la magia de “Delpo”, parecía impostergable. Para muchos, hubo un intervalo de tiempo en que no importaba nada más que lo que pasaba en un rectángulo de juego. Se postergaron citas, quedaron expedientes a medio hacer, resúmenes de estudio incompletos y se cambiaron menúes de almuerzo sofisticados por un emparedado hecho con “lo que esté más a mano”.
Los que peinan canas recordaron los últimos años de la TV en blanco y negro y los primeros a color siguiendo a Guillermo Vilas y hasta hubo quien se animó a comparar lo de ayer con la parálisis nacional que se produjo para ver en acción a “Ringo” Bonavena contra Alí, por más que sonara un poco exagerado comparar lo del genio de Tandil con el que fue uno de los picos de audiencia deportiva más fuertes de toda la historia.
Si en los 80` se hacían malabares para ver con nitidez en acción a Diego Maradona con la camiseta del Nápoli en el viejo Canal 9 los domingos por la mañana, ayer la historia fue totalmente distinta en cuanto a las posibilidades que los adelantos tecnológicos brindan, aunque con un mismo punto de contacto: la pasión por ver -y alentar- a los deportistas nacionales.
Se cambió el “vía satélite” pixelado de antaño, por las transmisiones en alta definición de hoy. A la TV de antes, se le han sumado dispositivos varios. Lo que no cambia es el afán de un país entero por dejar todo de lado, con tal de no perderse esos instantes que sólo el deporte puede regalar.
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