Las madres que alcanzan mayor peso de lo aconsejable durante el embarazo tienen más posibilidades de tener un niño con problemas de obesidad. Es la conclusión a la que ha llegado un estudio llevado a cabo por el Hospital Infantil de Boston (Estados Unidos) en colaboración con la Universidad de Columbia.
La investigación consistió en estudiar los registros de nacimientos de los estados de Michigan y Nueva Jersey para comparar el peso de 513.501 mujeres y el de 1.164.750 niños. Sus cálculos les llevaron a concluir que por cada kilo que aumenta la madre durante la gestación, el peso del bebé al nacer aumenta en 7,35 gramos. Por lo tanto, la madre que haya alcanzado 24 kilos, tendrá un bebé que pesará, en promedio, 150 gramos más que el de la madre que haya engordado únicamente entre 8 y 10 kilos.
Con el fin de ser más exactos, los investigadores excluyeron del estudio los siguientes casos: los partos producidos antes de la 37 semana de gestación; los partos producidos después de la 41 semana de gestación; las madres con diabetes y los niños que nacieron con un peso extremadamente alto o bajo.
David Ludwig, director del programa ‘Optimal Weight for Life’ del Hospital Infantil de Boston y co-autor del estudio señaló que “este descubrimiento tiene importantes implicaciones para la salud pública ya que también se ha establecido que un peso alto al nacer incrementa además el riesgo de sufrir otras enfermedades durante la edad adulta como el cáncer o el asma”.
La obesidad infantil se ha convertido en una epidemia en muchos países del mundo. Y se la asocia con serios problemas de salud en la población adulta.
“Un chico que crece con sobrepeso, tendrá mayores dificultades para controlar su peso en la adultez. Y eso aumentará todos los riesgos para su salud”, destacan los especialistas que trabajan en el tema de nutrición infantil.
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