Después de muchos sinsabores, las últimas dos semanas han traído buenas noticias a la gestión económica, ya que se confirmaron “brotes verdes” en dirección a un posible rebote del nivel de actividad, al mismo tiempo que la tasa de inflación mensual bajaba un par de escalones, con un índice de agosto tan reducido, que difícilmente vuelva a reiterarse en los próximos meses.
Según algunos analistas, en los próximos se puede abrir espacio a un nuevo capítulo de la política económica, menos a la defensiva, con urgencias pasando a segundo plano y una búsqueda más focalizada del tránsito hacia un escenario de crecimiento.
Según especulaciones de funcionarios y analistas, este tránsito podría lograrse mediante un “pacto social”, aunque otros parecen inclinarse más bien por acuerdos sectoriales o parlamentarios, según el objetivo a abordar, mecanismo éste que luce más compatible con la idea de ratificar las “metas de inflación” para el año próximo, con un límite superior de 17 % anual.
Lo cierto es que las condiciones externas e internas requieren un esfuerzo adicional del gobierno para asegurar que los buenos datos de inflación se reiteren y para que la etapa de crecimiento arranque efectivamente.
El formato institucional que adquiera esa política está condicionado por la competencia electoral que ya ha comenzado de cara a 2017, pero también por la necesidad del oficialismo de forjar alianzas, dado su carácter de minoría en el Congreso.
Según un estudio del Instituto de Estudios para la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL)
El repunte de la obra pública se vio reflejado en el incremento en el consumo de cemento (ver pág. 3). Pero no fue el único dato positivo, ya que las ventas de vehículos OKm aumentaron 22,4%, mientras que en bienes de consumo los datos muestran un recorte en el ritmo de caída, con algunos segmentos ya en terreno positivo, fenómeno explicable por el hecho que, en el margen, la variación mensual de los salarios ha comenzado a aventajar a la de los precios. Junto con estas novedades, subsiste un buen número de indicadores en terreno negativo, además del deterioro del mercado de trabajo que sólo podrá revertirse de un modo gradual, dado el rezago con el que funciona.
Ocurre que ante la magnitud de la “inflación reprimida” existente a fin de 2015, dado el nivel de atraso que tenían el tipo de cambio oficial y las tarifas, es inevitable que existan secuelas de las medidas de “inflación correctiva, destaca el trabajo.
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