Tras varios años como actor, Cremonesi atravesaba un proyecto de menor carga laboral y desilusión con la idea de que “alguien te va a venir a buscar”. Decidido a concentrarse en sus proyectos, el actor platense encontró rápido un nuevo desafío: se lanzó a la dirección teatral.
El resultado fue “Mala madera”, que se presenta en el Teatro Beckett de Buenos Aires los domingos a las 18.
Lo que entusiasma al actor sobre este nuevo rol es “la experiencia de hacer un teatro sin más expectativas que poder manifestarse: no está lo económico como motivador, sino al revés, como dificultad”.
“Es una forma de indagar”, afirma, “y también de extender la infancia sin que te echen de tu casa”, agrega entre risas. Como en su carrera, indagar sigue siendo una de las premisas, no sólo a la hora de dar el salto como director, sino también al momento de encarar el nuevo trabajo: “No tenía una historia, tenía ganas de ir probando algunas cosas”, afirma quien procuró mientras buscaba la obra que dirigía “trabajar lo climático, jugar con el terror, el suspenso, hacer algunas de las cosas que ven en el teatro”.
“Dirigir me ayudó a revelar cosas mías como actor, y además uno está obligado a tener una mirada más pedagógica, de acompañar procesos ajenos, que te corren de tu ansiedad”, cuenta sobre sus aprendizajes.
Terminada cada función de “Mala madera”, los domingos a las 21 Cremonesi vuelve a salir al mismo escenario para presentar “Artaud”, de Sergio Boris, una experiencia que califica de “alucinante” al igual que su trabajo con el director Pablo Giorgelli, con quien prepara “Invisible”.
Porque, afirma, “tienen una mirada muy particular, muy propia, muy genuina: uno puede estar mucho tiempo sin entenderlos pero si se deja guiar va a entrar en lugares novedosos. Y eso te modifica para todo lo demás, volvés a tu casa y ya no sos el mismo”.
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