En su primera novela, “Los meses inciertos”, Macarena Alvarez (Buenos Aires, 1984) construye una trama generacional marcada por la fugacidad del tiempo, los viajes y la búsqueda espiritual moderna, un registro con humor propio que retoma la experiencia de la edad para dar forma a una historia sobre la incertidumbre de crecer.
Lápiz en mano, papel y muchas historias. Así se recuerda Macarena Alvarez de pequeña, escribiendo, como instintivamente. Desde entonces publicó un libro de cuentos y su escritura transita en sus ratos libres entre blogs y redes sociales, en las anotaciones que toma en sus viajes, como las que apuntó para esta novela en los trayectos en tren que unían su casa de su trabajo, en Londres.
Esa espontaneidad, liviana, fresca, se fuga así por las páginas de “Los meses inciertos” (Pánico el pánico): una narración escrita en segunda persona a un ex novio, con la que la protagonista reflexiona en un torbellino de emociones extremas sobre su propia experiencia -que mira hacia el pasado y hacia el futuro-, sobre el vínculo con su madre, sus miedos, sus pensamientos y sus deseos.
La novela bien puede ser leída como un relato generacional, como la narración literaria de una edad y de una época. “Quise narrar una problemática generacional -cuenta la autora-. Me hice adulta en una época en la que la tecnología avanzó sin piedad y creo que eso influyó en la vida de todos los nacidos en los 80. Nos distrajo un montón, que no es algo negativo necesariamente. Esa distracción nos abrió las puertas al mundo, nos acortó las distancias, nos animó a explorar. Y todo eso, a los veintipico de años, trastoca. Quise contar esta historia desde ese lugar de confusión, quise mostrar los enredos de una juventud postmoderna a través de un personaje que transita una búsqueda personal con todos los sinsabores que eso implica. Quise aproximarme a la incertidumbre que conlleva el solo hecho de crecer”.
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