“Rebeldía y esperanza. Debates, discusiones y documentos”, “En camino al paraíso. El sueño de una lucha inclaudicable”, “Ventana a Plaza de Mayo. Crónicas de Osvaldo Bayer en el periódico Madres de Plaza de Mayo 1984-2006”, son los títulos que ahora vuelven a publicarse por Planeta junto a “Fútbol argentino”, obra en la que también subyacen sus preocupaciones sociales y políticas. Con estos cuatro volúmenes se cierra la edición de las obras completas de Bayer, quien confiesa que “repetiría” el camino recorrido en sus 89 años de vida pese a los momentos difíciles que le tocó vivir.
La obra de este escritor, que aboga por la igualdad y se indigna ante el sufrimiento de los niños, por la agresión policial o el hambre, emociona y conmueve profundamente; allí también critica a quienes optaron por negar las atrocidades cometidas por la dictadura militar, o insistir en la teoría de los dos demonios, con la que los militares justificaron su accionar.
Sobre estas cuestiones Bayer habla en sus libros, y también agradece: como cuando cuenta que el agregado cultural de la embajada alemana en Buenos Aires y su esposa “arriesgaron sus vidas para pasarme a través de las barreras militares y policiales y embarcarme en un avión” en 1975, luego de la segunda amenaza recibida por la Triple A por sus libros, en especial por “Los vengadores de la Patagonia trágica”.
En “Ventana a Plaza de Mayo”, editado primero por la editorial de las Madres y ahora por Planeta, reivindica la lucha de estas mujeres en la búsqueda desesperada e inclaudicable de sus hijos desaparecidos, a las que conoció durante su exilio en Alemania, y a quienes admira profundamente.
Bayer nació en la ciudad de Santa Fe en 1927, es historiador, fue docente y secretario general del Sindicato de Prensa de 1959 a 1962, guionista de películas como “La Patagonia rebelde” y defensor de los derechos indígenas.
En diálogo con la prensa desde su casa del barrio porteño de Belgrano -la misma en la que vivió a partir de los ocho años junto a sus padres y hermanos-, Bayer recuerda que ese lugar “era más grande, tenía un jardín y fue dividida entre los tres hermanos” luego de la muerte de sus padres. “Me tocó esta partecita que a mí sólo me alcanza, porque mis cuatro hijos y mis nietos, por el exilio, quedaron en Alemania”, dice.
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