Valentín vive en Carlos Tejedor, tiene 14 años y desde los 2 sufría un síndrome llamado de Wolff- Parkinson- White, una condición cardíaca que puede producir muerte súbita. Pero ahora, tras una década de impedimentos, medicación y tratamiento, un equipo de médicos del Hospital de Niños Sor María Ludovica y del San Martín de nuestra ciudad le aplicó una técnica que le cambió la vida y le permitirá hacer lo que más le gusta: jugar al fútbol.
El procedimiento, llamado “Ablación por Radiofrecuencia”, duró menos de dos horas. Y a solo 15 días de esa compleja intervención, Valentín volvió a la escuela y al mes ya pudo correr y jugar con sus compañeros.
EL ORIGEN y LA INTERVENCIoN
Corría el año 2002, en Carlos Tejedor, cuando Paula notó que a su hijo le costaba respirar. Cuando lo apoyó sobre su pecho se alarmó aun más: “Parecía que el corazón se le iba a salir del cuerpo, tenía una taquicardia tremenda, como si se hubiera asustado”.
A veces, sin motivo alguno, el corazón de Valentín se aceleraba y su cuerpo se bañaba en transpiración. Entonces, se recostaba para esperar que pase esa sensación de “susto”.
Por eso acudieron al Hospital de Niños de nuestra ciudad, donde le diagnosticaron una “anomalía en el sistema de conducción cardíaco y la aparición de arritmias”.
Vivían a 486 kilómetros, y por eso los padres tomaron la difícil decisión de mudarse al platense barrio de Villa Alba con sus seis hijos. De esta manera, podían estar cerca del hospital y controlar con estudios y medicación el agitado corazón de Valentín, a medida que iba a creciendo.
Cada seis meses le hacían electrocardiogramas, caminatas sobre una cinta o pedalear en una bicicleta estática. Lo medicaron para que pudiera tener una vida parecida a la de los demás chicos, pero las limitaciones físicas aparecían y no lograba desenvolverse con tranquilidad.
Jugaba al fútbol en el Club Villa Alba, pero se agitaba tanto que tuvo que dejar esa pasión que tanto lo motivaba. Las limitaciones se sumaban. En verano, por ejemplo, ni siquiera podía disfrutar de refrescarse en una pileta porque al nadar se quedaba sin aire, enseguida tenía que salir del agua y recostarse en el suelo para dejar de sentir esa sensación asfixiante.
En el Ludovica, los especialistas llegaron a la ubicación de la arritmia mediante un procedimiento que se realiza con catéteres, para llegar al corazón a través de venas y arterias. Luego, procedieron a la ablación que, según explicaron, consiste en “eliminar el ritmo anormal del músculo cardiaco a través de corrientes de radiofrecuencia”. La intervención estuvo encabezada por médicos de los servicios de Cardiología del Ludovica y del Policlínico, Jorge Bleiz, Enrique Monjes, Federico Zabala y Luis Medasani.
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