Aquella triste noche del 26 de junio de 2016, miles de futboleros argentinos quedaron paralizados por un momento después de lo que habían escuchado casi en cadena nacional. Tras el golpe anímico que había significado la derrota en la final de la Copa América del Centenario ante Chile en los penales, Lionel Messi puso más leña al fuego al declarar ante la prensa que se bajaba de la Selección. Hubo lágrimas de los más pequeños y una profunda tristeza en casi todos. En la calurosa noche de New Jersey parecía terminarse el ciclo del mejor jugador del mundo en la Selección Nacional.
El impacto mediático fue tan grande que hasta la propia derrota del equipo quedó relegada a un segundo plano. En todo el mundo no se habló de otra cosa que no fuera la renuncia de la Pulga al equipo albiceleste. Sin embargo, el amor fue más fuerte y, apenas dos meses después, Lionel Andrés Messi volvió a calzarse la camiseta que más ama: la de la República Argentina.
En el medio, pasaron cientos de especulaciones periodísticas, marchas y contramarchas, conjeturas que fueron para un lado y para el otro, pero lo único concreto es que luego de cuatro horas de charla con el Patón Bauza en Barcelona, Leo declinó su postura y dio la noticia que todo el pueblo futbolero argentino esperaba: su continuidad en el equipo de todos.
MAS QUE REGRESO ES PERMANENCIA
Hablar de “regreso” de Messi sería un error conceptual. Porque en verdad nunca llegó a irse. Sí, había marcado su postura de no jugar más en el equipo, pero como modificó su posición ya en la primera convocatoria tras sus dichos, la Argentina no tuvo siquiera un compromiso (ni oficial ni amistoso) sin poder contar con el “10” en sus filas.
Por esa razón, lo correcto es hablar de permanencia en el Seleccionado Nacional. Así, el astro rosarino dio una muestra más de su compromiso para con los colores del país. Su sentimiento pesó más que esa mochila de plomo que el crack lleva puesta producto de las tres finales perdidas en fila en los últimos dos años.
Entre aquellas resonantes declaraciones formuladas en la zona mixta del “Met Life Stadium” y su retorno concretado anoche en Mendoza ante el clamor del público del interior del país (estadio repleto, con localidades agotadas) se produjeron muchos cambios. Gerardo Martino se alejó de la conducción técnica del equipo, asumió una Comisión Normalizadora en la AFA encabezada por Armando Pérez y fue designado Edgardo “Patón” Bauza como orientador táctico del conjunto nacional.
En medio de todo ello, apoyado en su familia y en el buen inicio de temporada con el Barcelona, el crack maduró su decisión de no bajarse del barco. Así, abortó lo que hubiera sido un gran problema para el Seleccionado: perder de un día para el otro al mejor del mundo y uno de los mejores de la historia.
UN EMBLEMA INTERNACIONAL
El regreso de Messi anoche en Mendoza contra viento y marea (no se puede soslayar que viajó desde España aún con molestias musculares) es mucho más para Argentina que contar con el mejor jugador de todos. En verdad se trata de la presencia de un emblema internacional con el que nuestra Selección tiene la suerte de contar.
Messi abre puertas en todo el mundo para la Selección, eleva los montos de los cachets televisivos y es el ancho de espadas a la hora de negociar cualquier contrato de patrocinio para la AFA-Selección. Es una figura planetaria, con una inserción incomparable. Por todo eso, su presencia es determinante para la AFA, tanto dentro como fuera de la cancha. Lo cierto es que anoche la emoción volvió a invador a los argentinos. No fueron pocos los que lagrimearon al volver a verlo vestir, otra vez, la indumentaria del equipo nacional. Leo está, nunca se fue .
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