Distintas muestras de pesar causó la muerte de Rubén Laguens, un vecino apreciado por sus valores humanos, empleado de ascendente carrera en el Banco Nación, y que llegó hasta casi el centenario de vida con una existencia plena y jovial.
Rubén Luis Laguens había nacido el 1º de septiembre de 1916. Sus padres, Emma Vaccarezza y Pedro Laguens, era oriundos de Alberti. Ella fue una de las primeras maestras de la Provincia y él fue empleado municipal de ese partido bonaerense. El matrimonio se mudó a La Plata, junto al mayor de los hijos, Horacio, en 1906, y Rubén nació en esta ciudad, donde se formó, trabajó y consolidó una familia.
La educación primaria la cumplió en la Escuela Anexa y la secundaria en el Colegio Nacional. Cursó estudios, durante unos años, en la facultad de Veterinaria, pero no llegó a graduarse y accedió a un puesto en el Banco Nación, donde desarrolló toda su trayectoria laboral. Se jubiló como Inspector de Zona, el cargo más alto al que se podía aspirar.
Por su experiencia en entidades bancarias integró, durante un período, el directorio del ex Banco Municipal.
Practicó deportes toda su vida y tan grande fue su entusiasmo como así también de eficaz el resultado que obtuvo para mantenerse siempre en forma que jugó a la paleta a pelota y al paddle hasta los 85 años; practicó remo hasta esa edad; y anduvo en bicicleta hasta los 90.
La familia que fundó junto a Felisa Calabrese - con quien estuvo casado más de 80 años y la duración de la pareja fue, en ese sentido, todo un récord en la Región - fue su pilar. Tuvo dos hijos, Graciela y Rubén, ambos reconocidos patólogos, a quienes se entregó como padre incondicional.
Aunque su trabajo lo obligó a trasladarse en más de una oportunidad a ciudades bien lejanas (por el banco cumplió funciones en Río Grande y Trelew, además de las tareas en las que se desempeño al final de su carrera, ya en La Plata) no dejó nunca de estar atento a las necesidades de los suyos; y ya después, con los años, se convirtió en un abuelo encantado tanto con sus cinco nietos como con sus catorce bisnietos. También fue un feliz tatarabuelo de cinco nenes.
Una de las actividades que mayor gusto le provocaba en los últimos años, por caso, era salir de paseo, en bicicleta, con su hijo, nietos y bisnietos.
Fue un lector voraz, principalmente de títulos de ficción, y disfrutaba con igual pasión de las novelas policiales como de los clásicos de la literatura. Era habitual verlo en las librerías de viejos canjeando ejemplares que ya había leído por otros que le faltaba leer. Consiguió armar en tan larga vida dedicada a la lectura una frondosa biblioteca.
Hincha de Estudiantes, adepto al fútbol, de joven fue un asiduo visitante de la cancha, y ya a mayor edad siguió las alternativas del equipo de sus amores por televisión.
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