Hace 46 años, cuando llegó a la Argentina, el médico paraguayo Lino Villar Cataldo fue a vivir al barrio Libertador del partido de San Martín, el mismo lugar donde vivía el ladrón que lo asaltó y terminó muerto.
Corría 1969 cuando su familia dejó una casita de barro y techo de paja en la zona campesina de Iturbe, al suroeste del país vecino, para buscar un lugar en una de las villas del Gran Buenos Aires. Su padre ya estaba radicado aquí. Tenía 15 años cuando llegó al país y decidió ayudar a los suyos trabajando en una zapatería.
Después de terminar la secundaria, empezó a estudiar Medicina en la Universidad de La Plata (UNLP), pero entonces sufrió el incendio de su casilla.
“Se quemó mi casa en la villa. Yo me había comprado los libros y me metí en el medio del incendio y rescaté mis cuatro tomos de Anatomía”, relató emocionado mientras mostraba los antiguos ejemplares .
Recordó que tras ese episodio, fue alojado con su familia en una sociedad de fomento y finalmente terminó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se recibió a los 24 años.
“Lo único que te voy a pedir en la vida es que cuando un pobre llegue al umbral y te diga ‘no tengo para pagar la consulta’, nunca dejes de atender a esa persona”, recordó que le dijo su padre aquel día en las escalinatas de la facultad. Agregó que desde que fue detenido recibió miles de mensajes de sus pacientes en los que le piden que “no deje de atender”.
Villar Cataldo contó que hace 35 años que trabaja en el Municipio de San Isidro y que tiene varios problemas de salud: una cardiopatía crónica por la que le hicieron dos stent y una angioplastía, hipertensión y diabetes.
El médico tiene cuatro hijos, quienes tras la muerte del delincuente no pudieron regresar a su casa y se quedaron en la sala de espera de la comisaría o durmiendo en una camioneta en la puerta de la seccional, según relató.
SUSCRIBITE a esta promo especial