La ONU suspendió ayer todos los envíos de ayuda a Siria luego de un ataque contra una caravana de camiones que llevaban asistencia, mientras que Washington sostuvo que el cese al fuego todavía no está muerto pese a la reanudación de la violencia.
El ataque, descripto por la ONU, la Cruz Roja, las potencias occidentales y trabajadores humanitarios desplegados en el terreno como una incursión aérea, generó una fuerte condena de la comunidad internacional. Rusia y el Gobierno sirio negaron que sus fuerzas aéreas fueran responsables de la destrucción de un convoy que trasladaba ayuda, aunque Washington volvió a responsabilizar a Moscú por lo ocurrido.
El gobierno de Vladimir Putin dio una explicación diferente, señalando que creía que la caravana no había sido impactada desde el aire sino que se había destruido como consecuencia de un incendio y sugiriendo que los rescatistas que filmaron lo ocurrido eran responsables. Al menos 18 de los 31 camiones de un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja Arabe Siria fueron impactados el lunes en el ataque que dejó un saldo de 20 muertos. El convoy entregaba ayuda a 78.000 personas en la remota localidad de Urem al-Kubra, en la región de Alepo.
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