“Tradicional y contemporáneo, quizás Alberto Ginastera nos hable de esa contradicción, desde un límite posible para pensar la cultura argentina. Formado en la escuela nacional de tradición académica iluminada por Alberto Williams, Julián Aguirre y Juan José Castro, muy pronto Ginastera habitó hondamente la platea, las bambalinas y el escenario mayor del Teatro Colón de Buenos Aires. Fue un explorador ensoñado que pensó la tradición y las rupturas del siglo XX abriendo puertas y chocando consigo mismo en cuerdas profundas de la identidad argentina: catolicismo, nacionalismo, indigenismo, folklore, universalismo”, se lee en el programa de mano de la muestra.
Nacido en Buenos Aires el 11 de abril de 1916, Ginastera se graduó en el conservatorio Nacional de Música en 1938, obteniendo las más altas calificaciones. Pero, un año antes, en 1937, dio a conocer la “suite” de ballet “Panambí” presentada integralmente en el teatro Colón en 1940 y que estuvo marcada por la audición de “La consagración de la Primavera”, de Igor Stravinsky.
En 1945 viajó a los Estados Unidos en uso de una beca de la Fundación Guggenheim. Allí permaneció 15 meses, recibió importantes distinciones y se hizo conocido al escribir “Sonata” para piano, del Carnegie Institute y Pennsylvania College for Women para el Festival de Música Contemporánea de Pittsburg (1952) y “Pampeana Nro. 3” para Orquesta de Louisville (1954), entre otras.
También compuso “Cuarteto de Cuerdas Nro. 2” para la Fundación Elizabeth Sprague Coolidge en la Biblioteca del Congreso de Washington (1958) y “Cantata para América Mágica” para la Fundación Fromm (1960), “Concierto” para piano y orquesta para la Fundación Musical Serge Koussevitzky de la Biblioteca del Congreso de Washington (1961) y “Concierto” para violín y orquesta, para la New York Philarmonic Orchestra en celebración de la temporada inaugural del Lincoln Center (1963).
“Ginastera, ahora reencontrado cien años después de su nacimiento, es su repertorio y su trayectoria brillante en los principales auditorios de la música internacional -se agrega-. Pero es también un hombre atravesado por los claroscuros de un país y sus épocas. El granero del mundo, el peronismo, la modernización periférica, el conservadurismo militar, el destierro y el crepúsculo democrático. Malambo, truculencia y legado como paradojas de su estela vital, son también el contrapunto de una música atiborrada y resuelta, soberbia y triste, atormentada y visionaria”.
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