Lo mismo que para muchas estudiantes que están obligadas a cursar tarde porque trabajan durante el día, para Luisina Quiroga la vuelta a casa tras la facultad es siempre una aventura de final incierto. “Como tengo que tomar dos micros y caminar unas cuadras oscuras desde la parada a mi casa, trato siempre de llevar poca plata y andar medio tapada con un buzo suelto o un sobretodo. Igual nunca falta alguno que hace un comentario desagradable o algo peor. Me han llegado a correr con el miembro afuera y una vez un tipo se puso a la par mía con el auto para que viera cómo se masturbaba. Además de la angustia, te queda un impotencia tremenda porque no podés hacer nada más que correr por tu seguridad. Creo que la mayoría de los hombres no llega a imaginarse lo que es”.
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