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En busca del Belgrano del siglo XXI

Por JUAN J. TERRY (*)

El nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán, acaecida el 24 de septiembre de 1812, hito que consolidó definitivamente la Revolución de Mayo, vuelve a convocarnos a rendir fervoroso homenaje a la figura de su héroe, el Gral. Manuel Belgrano. Hoy nos sobrecoge pensar en la fuerza, decisión y valor de un hombre que, aún en los momentos próximos a su muerte, siguió pensando en el bienestar, progreso y desarrollo de su patria, por la que había dado todo, hasta su vida. Así lo hizo saber a sus amigos que lo visitaban en su lecho de enfermo, confiando en que los buenos argentinos sabrán encontrar los medios para superar las graves contingencias. Con esa esperanza se dispuso a emprender su más largo viaje, que no sería el del olvido como pareció durante ese primer año después de su fallecimiento, porque a partir de aquel aniversario, la misma sociedad que lo había agraviado y escarnecido, reaccionó enfáticamente y su figura reapareció más reconocida que nunca, para no borrarse nunca más de la memoria argentina.

ADALID DEL DESARROLLO

Recorrer hoy la obra de este padre de la Patria, es entrar simultáneamente en casi todos los campos del desarrollo y progreso. Su labor abarca en primer lugar la lucha contra la corrupción imperante -que todavía nos azota, y en qué forma- por entonces encarada a suprimir los vicios del monopolio comercial y sus tentáculos administrativos extendidos por todas partes y que afectaban a la población en general.

Su otra gran preocupación fue promover la educación popular gratuita y la educación de la mujer, para lo cual fundó escuelas de primeras letras, técnicas y de artes y oficios destinadas a elevar el nivel cultural de la población. Por suerte su programa educativo fue retomado 60 años más tarde por el gran sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento. Fue Belgrano también el que redactó el primer reglamento sobre el trabajo del maestro, prácticamente desconocido en la actualidad. Allí señalaba las condiciones para ejercer la docencia, remuneraciones, etc., y expresaba que al maestro debía considerárselo prócer de la Patria. Toda la vida de Belgrano giró en torno a su pasión por la educación, hasta en la milicia, y destinó el premio que recibió por la victoria de Salta a la fundación de cuatro escuelas.

Su labor en el Consulado de Buenos Aires, fue amplísima, y estuvo destinada a promover la agricultura, el comercio, la industria, la navegación, etc; propició la construcción de astilleros y creación de una marina mercante, el aprovechamiento de la red fluvial y marítima hasta la Patagonia; apertura de puertos; introducción de semillas de distintos cereales y sobre todo promover en los jóvenes el amor al trabajo.

Su impulso a la economía fue notable, inspirado en los últimos adelantos de su época, propiciando la creación de cátedras de economía política como se hacía en las universidades de Suiza, Italia y Suecia. En cuanto a la industria no se limitó a las generalidades, sino principalmente a las aplicaciones prácticas para fomentar el trabajo de hombres y mujeres.

Además de abogado y economista, fue periodista, fundador de escuelas y pueblos y motor del desarrollo, de las artes, las ciencias y la industria. Un verdadero paradigma del progreso.

SU LEGADO IMPERECEDERO

Su acción militar fue reconocida por eminentes militares como los generales José de San Martín y José María Paz. Ganó y perdió batallas como cualquier gran capitán y en esa lucha no abandonó nunca a sus hombres ni a su bandera. Personaje fascinante, pleno de ideas y valores, de honestidad y renunciamiento, su obra iluminó el primer período de la Revolución de Mayo, que no sólo construyó con su talento, sino que se nutrió de su pasión patriótica para llevarla a cabo. En este sentido, Belgrano aventajó a todos sus contemporáneos americanos.

Su figura convocante sigue siendo un reservorio activo y vital, un desafío para que continúe transmitiéndose de generación en generación y no se convierta en un sueño o ilusión para ser declamado en sus aniversarios. De ahí la necesidad de encontrar hoy al Belgrano del siglo XXI, un hombre que encarne sus virtudes y estatura moral y cívica, que se inspire en su honradez, su humildad, su generosidad y en su profundo sentido patriótico. Murió en la pobreza y la indiferencia del pueblo por el que luchaba para redimirlo de la pobreza, el analfabetismo y la servidumbre, sin poder siquiera pagarle a su médico y sin dinero para costear una lápida para su sepultura. El límpido legado que nos dejó el creador de la Bandera debemos honrarlo hoy con nuestra conducta, nuestro trabajo y acción en estos difíciles momentos.

(*) Presidente del Instituto Belgraniano de Provincia de Buenos Aires

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