El sólo hecho de estar sola en la calle de noche es algo que a Belén la llena de inquietud. “Trato de exponerme poco, pero cuando salgo tarde de la facultad o mi clase de telas, no puedo dejar de estar alerta a cada cosa que pasa alrededor: si veo que un hombre viene en mi dirección, enseguida pienso para donde voy a correr si se me acerca demasiado para no quedarme paralizada. La situación que más me asusta es bajar del micro y encontrarme con que no hay gente en la calle a la que puede pedir ayuda”, cuenta Belén, quien reconoce haber sufrido varias situaciones de acoso verbal.
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