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Las claves tras el entretenimiento descontrolado

Muchas de las consignas que convocan a las fiestas clandestinas aluden a excesos y a una “diversión sin límtes”. Los vínculos con un mensaje social que llama sólo a vivir el momento

Por Redacción

Especialistas llaman a interrogarse acerca de las formas de diversión vigentes entre jóvenes. Y sobre el rol de los padres.

Drogas, armas, alcohol, violencia y la promesa de “descontrol”. Todo esto anunciaban los posteos en las redes sociales referidos a la fiesta Proyecto XXX en los días previos. Una fiesta cuyo nombre remite a una película que muestra una celebración tan multitudinaria como espontánea que termina mal. A pesar de ese clima previo, casi 1.000 chicos llegaron a la quinta de Moreno que tenía capacidad para 150. Y si bien, este caso fue extremo, muchas de estas reuniones clandestinas convocan a partir de consignas como “diversión sin límites” o “descontrol”.

Esta combinación de ingredientes hace que los especialistas, desde la psicología y la antropología planteen distintos interrogantes. Entre ellos, qué pasa con la responsabilidad de los padres y cómo pesan determinados elementos presentes en la sociedad, como el individualismo exacerbado, la falta de tolerancia hacia el otro y la violencia presente en distintos ámbitos, en las formas que adoptan ciertas formas de la diversión joven.

“Lo primero que hay que preguntarse es porqué hay que hacer fiestas como estas, con drogas, armas y alcohol, en lugar de optar por otras formas de divertirse”, dice el antropólogo platense Héctor Lahitte y agrega que “esta elección se relaciona con una imitación, con una necesidad del adolescente de expresar lo que ve en la sociedad. Una sociedad que convierte en un valor la satisfacción inmediata y permanente. Y donde el individualismo a ultranza y la intolerancia hacia el otro se convierten en rasgos característicos”

padres y educacion

Para Lahitte, “a demás de plantearnos la importancia de los controles estatales también es fundamental indagar en la parte de responsabilidad que, por estos hechos, les toca a los padres”.

Los psicólogos, en tanto, desacan lo riesgos que supone una fiesta que reúne un cóctel de drogas, alcohol y armas, sobre todo para un adolescente.

En el adolescente, dicen, predomina la acción y lo impulso sobre la reflexión. A estas características se suma una tendencia la falta de miedo y a cruzar los límites.

Esos límites que los adultos no saben poner y que muchas veces el adolescente está reclamando.

En ese contexto, para Lahitte “concentrarnos solo en los controles es como asumir que estas fiestas clandestinas van a seguir existiendo. Creo que el desafío es cultural. Pasa por educar y por hacer entender al joven que existen otras formas de divertirse”.

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