“Estar prófugos sale muy caro”, admitió un investigador policial, “sobre todo en casos tan mediáticos, donde los que los ‘aguantan’ piden más plata por el riesgo o los extorsionan a cambio de no denunciarlos”.
La pregunta obligada es de dónde sacarían el dinero el prestamista y la oficial de policía para mantenerse en la clandestinidad. Pero es sólo una de las tantas que se podrían hacer, sobre todo respecto al móvil económico.
Para Maydana y Rodríguez la plata parece irse terminando pronto (sobre todo en estas circunstancias) y las tarjetas no son una posibilidad, ya que están tan monitoreadas como los teléfonos celulares y cualquier otro dispositivo que ayude a rastrearlos.
Un pesquisa con experiencia en este terreno confió en que muchos prófugos “caen porque se les termina la plata, pero también porque extrañan (este caso es muy particular ya que dejaron a su beba y necesiten verla, por descuido o por cansancio”.
El hecho de que un abogado se haya presentado a ver la causa alimenta la creencia de que los prófugos estarían pensando en entregarse.
Más allá de todo, los operativos para atraparlos avanzaban al cierre de esta edición.
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