En la parada de 520 y 10, sentado y con cara de resignación, Jorge espera ver aparecer el Oeste, ramal 65 y lo peor es que no sabe si acababa de pasar uno cuando él llegó a esa esquina, algo que lo obligaría a perder una hora más. El ejemplo que registró EL DIA ayer poco después de las 13, se repite en paradas de barrio Monasterio, Cementerio o Altos de San Lorenzo, donde en las esperas los usuarios del transporte público desarrollan una paciencia infinita para poder llegar a destino.
Quien habitualmente viaje en micro sabe que esperar mucho tampoco garantiza que se podrá viajar porque, principalmente en los horarios pico, apenas salen de sus puntos de cabecera se las ve tan abarrotadas que ni siquiera paran.
Yamila Fiordeliza con frecuencia toma en 7 y 80 el micro Este, ramal 10 o 16, con destino al centro, su única preocupación es que el próximo no siga de largo cuando ella extienda su brazo.
“Pasa cada 10 minutos y le pone unos 15 minutos para llegar al centro, no me puedo quejar de que tarde mucho, pero el problema es que en el horario que los chicos van a la escuela pasa tan repleto que no para”, dice la joven.
“Hay horarios en los que no hay mucha gente en la calle y, por las esperas, uno parece que tuviera un cartel en la frente que invita a ser asaltado”
La mayoría de las personas consultadas coincide en que “los micros tienen sus días” y en que no se viaja bien, aunque hay días que eso empeora.
También se destacó que sería importante que las líneas agregaran unidades en los horarios de mayor concentración de pasajeros, eso coincide con los horarios de entrada y salida escolar y con el de acceso a la administración pública.
Además se plantea que los fines de semana viajar se convierte en un calvario porque la frecuencia del servicio se reduce considerablemente.
Por caso una pasajera consignó que el ramal 13 de la línea Este pasa cada media hora, pero los fines de semana cada 45 minutos o más.
“Si lo perdés, te quedas a vivir en la parada, pero lo peor es que hay horarios en los que no hay mucha gente en la calle y uno parece que tuviera un cartel en la frente que invita a ser robado”, cuenta Macarena, una joven que viaja desde 12 bis y 83 hasta la Plaza Moreno.
En esa misma parada Andrea, madre de dos niños que concurren a un colegio privado de la zona de 15 y 53, señaló que a sus hijos les tuvo que comprar dos guardapolvos blancos para que pudieran tener el beneficio del boleto estudiantil porque cuando los veían con uniforme los choferes no les reconocían ese derecho.
En algunas paradas como la de 22 y 80 también se escucharon quejas vinculadas a la falta de infraestructura para esperar el micro de manera más confortable.
En ese contexto se denunciaron faltas de refugios, de carteles que cuenten con información de los trayectos que realizan las líneas y hasta las malas condiciones en las que se encuentran las veredas, algo que cuando llueve hace que muchos tengan que esperar el transporte en la calle para evitar llenarse de barro.
También faltan refugios en muchas paradas cercanas al Cementerio, en 131 y 72, donde paran micros como el 307 y el 273 y en varios tramos de la avenida Circunvalación.
El incumplimiento de los horarios fue otra de las preocupaciones señaladas por los usuarios de algunas líneas de transporte público como la Oeste 65 que llega a Melchor Romero.
“Es un desastre, las esperas son de una hora o mas, no se respetan los horarios y los fines de semana ni hablar, es una lotería”, apunta Jorge Pinto, vecino de Melchor Romero que toma diariamente el ramal 65 para llegar a su empleo en Tolosa.
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