El poeta y ensayista Rafael Arrieta, docente y rector del Colegio Nacional entre los años 1928 y 1932, expresidente del Centro de Estudiantes y figura clave de la cultura, la poesía y la vida universitaria de la ciudad de La Plata y del país, escribió en 1935 acerca del Colegio Nacional:
“Y el vecindario platense asistió, deslumbrado, a la resurrección de su época milagrosa. Levantóse un gran edificio de tres pisos para el Colegio. Surgieron dos pabellones amplios para internados, y un magnifico cuerpo hipóstilo para gabinetes y laboratorios, y un gimnasio gigante. Trazáronse jardines y avistad arboladas. Reserváronse extensos lugares destinados a distintos deportes y construyóse una gran pileta de natación”.
Y continuaba: “Menos visible para el público era, sin duda, la obra espiritual. La tercera universidad argentina se apartaba del molde clásico de sus hermanas mayores. Orientada hacia un tipo “moderno y experimental”, cimentaba la conexión cultural de los diversos institutos, su funciona familiar, su correlación docente y comprendiendo desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los estudios profesionales y las disciplinas puras. El madurado plan aprovechaba la experiencia extranjera, pero guiábase principalmente por una clara comprensión de los problemas de la cultura nacional y de las necesidades sociales del país”.
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