Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Queridos hermanos y hermanas.
Nuestros hermanos brasileños tienen una expresión, amasada por la experiencia y acuñada por el lenguaje cotidiano que, traducida, afirma: “El bien no es noticia”.
Para este caso podríamos ponerle como rúbrica el adagio “Vox populi, vox Dei”, ya que esa apreciación objetiva de que el bien, aun en sus formas más significativas, no es motivo de información ni busca ser publicitado, es una verdad que no necesita demostrarse con argumentos.
Por el contrario, lo que no tiene explicación lógica es el manejo que se hace del mal en sí mismo y de la malicia de tantos seres inteligentes.
En una sociedad que está – lamentablemente – globalizada por el contubernio de una propaganda engañosa y por un sistema informativo subjetivista y morboso, no hay tiempo ni lugar para dar cabida al bien. Pareciera que, por el contrario, existe un deleite nefasto en divulgar e imponer el mal en todas sus manifestaciones.
Los grandes anuncios, las noticias que “producen”, es decir las que venden, generalmente no son halagüeñas, ni esperanzadoras, como tampoco motivan una vida marcada por la verdad. El triunfo de la mentira ya es una institución acreditada con personería pública internacional.
Pero, el bien... ¿todavía subsiste? ¡Por supuesto! Aunque el mal haga más roncha, aunque salpique más lejos, aunque sea más apetitoso para los malvados, el bien existe por sí mismo, tiene entidad propia y nunca jamás podrá ser totalmente aniquilado; mientras que el mal es un cáncer que usa de lo bueno para poder anidar, corromper y destruir.
Sin embargo, si “el bien no es noticia”, quizás sea porque todavía no se conoce suficientemente a Dios, el Bien Infinito.
En la Sagrada Biblia se encuentran reiteradas exhortaciones a obrar bien, para contrarrestar el mal en todas sus formas. Así, por ejemplo:
En una sociedad globalizada por el contubernio de una propaganda engañosa y por un sistema subjetivista y morboso, no hay tiempo ni lugar para dar cabida al bien
“¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido...!” (Isaías 1, 16-17)
“Querido hermano, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace el bien pertenece a Dios, pero el que hace el mal no lo ha visto a Dios”. (3 Jn. 11)
“No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra... No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos”. (Gal 6, 7 ss)
“No devuelvan mal por mal, ni injuria por injuria: al contrario, retribuyan con bendiciones, porque ustedes mismos están llamados a heredar una bendición... ¿Quién puede hacerles daño si se dedican a practicar el bien?” (1 Pedro 3, 9 ss)
Por supuesto que, en todo caso y sin buscar la noticia, es fundamental hacer una opción consciente y decidida por el bien, ya que “quien sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado” (Sant. 4, 17).
Este Año Jubilar de la Misericordia nos invita a todos para que hagamos el bien en todas sus formas, sin buscar el aplauso, pero reconociendo que todo es posible con la ayuda de Dios. Como dice san Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4, 13).
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