Si bien desde que asumió la nueva administración de Cambiemos se definió claramente los principales problemas económicos del país, entre los cuales en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Mauricio Macri hizo un diagnóstico de que el principal problema macroeconómico de Argentina: tiene un origen es estrictamente fiscal, el exceso creciente de gasto público produjo un sostenido y exponencial aumento del déficit fiscal que, al ser financiado mayoritariamente con emisión monetaria, destruyó el balance de la autoridad monetaria (aumento de la deuda del Tesoro con el BCRA) generando un sostenido incremento del nivel general de precios y aceleración inflacionaria con depreciación cambiaria.
Pero según un trabajo de la consultora Economía & Regiones, justamente, los problemas fiscales que enfrenta Argentina son los causantes de la escasez de inversión, la falta de generación de empleo y el estancamiento económico con elevada inflación; es decir la estanflación.
EL IMPACTO INFLACIONARIO
Por un lado, la inflación, al atentar contra el cálculo de precios relativos, retornos y rentabilidades, impacta negativamente contra la inversión y el crecimiento.
Paralelamente, los problemas cambiarios también impiden el cálculo de rentabilidad y retornos, y en consecuencia también deprimen la inversión y el crecimiento.
La estanflación, que cumplirá 5 años en 2016, tiene origen estrictamente fiscal. A medida que aumenta el déficit y se acumulan resultados fiscales negativos financiados con emisión monetaria, la inflación gana fuerza y el crecimiento económico se diluye hasta desaparecer.
ENDEUDAMIENTO
En este marco y pensando en el impacto negativo de la inflación sobre la inversión y el crecimiento, el gobierno de Cambiemos ha decidido sustituir (en parte) financiamiento vía emisión monetaria con financiamiento vía endeudamiento.
Sin embargo, financiar déficit con deuda (no con emisión) no soluciona los problemas de fondo, sino que tan sólo consiste en un “parche” circunstancial que puede tener resultados parcialmente positivos sobre el crecimiento sólo en el corto plazo. A la larga, no bajar el déficit fiscal y financiarlo con deuda termina castigando indefectiblemente la inversión y el crecimiento en el mediano y largo plazo porque aumenta el riesgo país encareciendo el costo de capital.
Y si el costo de capital aumenta, ya sea por incremento de riesgo país o por suba de tasa libre de riesgo, no bajar el déficit fiscal implica que el financiamiento vía emisión del Banco Central puede volver al centro de la escena, alimentando el aumento) de la inflación.
En este marco, no hay que esperar un rebrote ni de la inversión, ni del crecimiento económico.
Es decir que según Economía & Regiones, hay que bajar el déficit fiscal en forma creíble y sustentable si se pretende bajar la inflación hacia los estándares regionales impulsando la inversión privada, la generación
de empleo y el crecimiento económico.
En 2016 y 2017 habrá suba de tasa de referencia de la Reserva Federal que se traslada a la tasa libre de riesgo. Según los miembros del Comité de Política Monetaria de la Reserva Federal, la tasa de referencia podría subir a 1.5%/1.75% en 2017.
REBOTE CIRCUNSTANCIAL
Por el contrario, sin bajar “en serio” el déficit fiscal sólo habrá un rebote circunstancial de corto plazo en el nivel de actividad liderado por el consumo, no por la inversión.
Es decir, sin bajar el déficit fiscal el PBI crecería en torno a 2.5%/3.0% en 2017 de la mano de la apreciación cambiaria, el aumento del poder adquisitivo en dólares y el consumo.
Pero sólo sería un rebote de corto plazo que, al no estar impulsado por la inversión, no generaría puestos de trabajo, ni aumentos de productividad; pilares del crecimiento sustentable de largo plazo.
En este marco, el nivel de actividad probablemente continuaría atado al ciclo político con años impares de crecimiento moderado, que sirve para obtener resultados electorales, y años pares con la macroeconomía ajustando.
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