Acaban de leer el veredicto condenatorio cuando Cristian Martínez Poch miró hacia el lugar donde estaba una de sus víctimas y levantó el dedo de manera provocadora, repugnante y perversa. Fue el gesto que definió todo. Si lo hubiera hecho al inicio del juicio, se lo podría haber tomado como una confesión. Martínez Poch quedará recluido en la Unidad 9 de La Plata, con una pena de 37 años prisión.
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