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Ladridos y el sentido de la vida

Por Redacción

Por SERGIO SINAY (*)

Mail: sergiosinay@gmail.com

En la tarde de cada día, al final de su tarea cotidiana, Milagros Toledo inicia una segunda y esforzada jornada. Toma su bicicleta y sale a recorrer los alrededores de Pilar, en donde vive, para rescatar heridos, enfermos y hambrientos. Luego los ampara, los cura, los cobija. Los sábados acude a ferias y eventos, lleva cosas para vender (a menudo sus propias cosas) y con ese dinero continua con su misión. Milagros tiene 15 años. Su tarea diaria es la de cursar la escuela secundaria, y los que rescata son perros abandonados, perdidos, golpeados, maltratados. Esta es una historia real, Milagros existe, no salió de la imaginación de ningún narrador. Su labor piadosa tiene varios años y salió a la luz en estos días.

Ahora su perfil en Facebook (Mili Perruna Toledo) está abarrotado de visitantes, de curiosos y de voluntarios. Ella no tiene tiempo de responderles a todos, son demasiados, la desbordan. Pero de allí salen muchos donantes de dinero, de medicamentos, muchas personas dispuestas a alojar a los animales, muchos dispuestos a encontrarles anfitriones humanos que les deparen una existencia más digna que la que vivieron hasta ahora. Porque la dignidad es un valor que excede al mundo humano y se extiende a toda criatura viviente. Como sostiene el filósofo australiano Peter Singer (autor, entre otras obras muy recomendables, de “Ética práctica”, “Ética para vivir mejor” y “Liberación animal”), más allá de la especie a la que pertenezcan, todas las criaturas vivas sufren cuando son maltratadas y todas aspiran a vivir, por lo cual todas las vidas son valiosas y merecen respeto.

UN PROYECTO DE VIDA

Acaso Milagros Toledo no haya leído a Singer, pero ha honrado a numerosas vidas. Comenzó esta experiencia a los 12 años, cuando un grupo de vecinos que sabía de su amor por los perros le pidió ayuda para ocuparse de un animal que encontraron inmovilizado y agonizante. Hoy Pichilín, que sobrevivió y responde a ese nombre, es un cercano colaborador perruno de Milagros. También la ayuda su familia, gente humilde, casi todas las personas que se enteran de su empeño, y alguien fundamental. La veterinaria Julieta Guidoni, a quien deriva los pacientes graves y quien no le cobra las consultas, solo el costo de los medicamentos. Milagros aspira a estudiar y ser veterinaria, como Julieta, para dedicar su vida a rescatar, sanar y proteger a perros y gatos en refugios que anhela fundar.

Como suele suceder ante casos como este, se verá a Milagros como una adolescente ejemplar y como una muestra de que no todos los chicos “están en la pavada”. Su acción llamará a ser solidarios con ella y al hacerse pública, como ocurrió en la semana última, posiblemente detone espasmos solidarios que, como ocurre, se aquietaran con el tiempo. Algunas personas se sentirán impulsadas a seguir su ejemplo y es probable que lo hagan. Otras se distraerán pronto con nuevos temas. Mientras tanto, la experiencia de Milagros permite explorar de un modo concreto y accesible un tema permanente y complejo de la vida humana, una pregunta con la que otras criaturas no se enfrentan y a la que los humanos le suelen escapar de muchas maneras y por variados atajos: ¿cuál es el sentido de la propia existencia?

El médico y psicoterapeuta existencial austriaco Alfred Längle dice al respecto que muchas personas esperan que la vida les otorgue como regalo el cumplimiento de sus deseos y la satisfacción de sus expectativas. Pareciera que hubiesen quedado detenidos en una actitud infantil y quieren ser alimentados por la vida como antes lo fueron por sus padres. Lo exigen. Como la vida en sí es intangible, cuando sus exigencias inmaduras no se cumplen no se la pueden tomar con ella, entonces disparan reproches contra otras personas, comenzando por las más cercanas. Mientras tanto, las horas, minutos y segundos de su reloj existencial siguen pasando y su vida entera se convierte en una exigencia frustrada.

La vida plantea situaciones y deja a nuestro arbitrio las decisiones que tomaremos y las elecciones que haremos ante ellas. Aquí no vale el argumento de que “no todos podemos elegir”

En su trabajo “Vivir con sentido”, Längle recuerda el valor de la actitud. Es decir, lo que cada quien hace ante las circunstancias. La vida plantea situaciones y deja a nuestro arbitrio las decisiones que tomaremos y las elecciones que haremos ante ellas. Aquí no vale el argumento de que “no todos podemos elegir”, previene Längle, porque lo cierto es que, en la práctica, el trayecto vital de todos los seres humanos es una cadena de decisiones, elecciones y consecuencias. El problema es que muchos confunden elegir o decidir con lograr lo que desean. Y cuando se dice que “no somos libres de elegir”, se apela a una noción ficticia de libertad, según la cual ésta consiste en no tener obstáculos ni condicionamientos. Y la libertad real es condicionada, porque no tenemos control ni previsión posible sobre muchas circunstancias de nuestra vida. Ante las situaciones que no elegimos y nos condicionan, siempre somos responsables de la actitud conque las afrontamos.

Son, entonces, los valores conque asumimos nuestra condición de seres condicionados los que abrirán la puerta de una vida con sentido. Y esos valores, apunta Längle en línea con su maestro, el gran médico y pensador Víktor Frankl, atañen a la creatividad para responder a las circunstancias, al modo en que elegimos vivir y relacionarnos y a la cualidad con que transitamos la existencia. Esto requiere proactividad, decisiones, elecciones. Algo que el propio Frankl definía como voluntad de sentido, porque el sentido no es provisto desde afuera, por otros. Es una puerta que se abre desde adentro.

UNA BREVES RESPUESTA

Sentido es aquello por lo cual una vida valió la pena y la alegría de ser vivida, incluidos los sufrimientos y sinsabores que acompañan a cada existencia. No se lo percibe desde la indolencia, desde el egoísmo, desde la superficialidad de las experiencias, de cara al propio ombligo, sino con el corazón, la mente y el espíritu abiertos al mundo, a los otros, a todas las otras vidas con las que interactuamos, que nos contienen y nos devuelven la certeza de nuestra propia existencia. Lleva años comprender esto, requiere un proceso de maduración, construirnos como seres morales.

Mientras cocina para sus perros (ha rescatado, sanado y ubicado a más de un centenar de pichichos), mientras los cura, los rehabilita, los protege, Milagros Toledo mejora el mundo, imprime una huella indeleble. Le bastaron solo 15 años para abrir la puerta del sentido, posiblemente sin haber oído hablar jamás de estas cuestiones filosóficas y existenciales que, pese a parecer lejanas y abstractas, atraviesan la vida de todas las personas. Seguramente cada vez que rescata un perro está en condiciones de responder con un “Sí” breve y rotundo a la pregunta: ¿dirías que por este solo momento, y aunque no hubiera más, tuvo sentido vivir? A su alrededor, moviendo la cola, un coro de “guaus” confirmarían la respuesta.

Aunque se llame Milagros, no hay nada de sobrenatural en su experiencia. Sus recursos materiales, y los de su familia, son limitados, las dificultades llegan puntuales. Pero ha encontrado algo que es oro existencial: un propósito. No una meta. Las metas están al final de un camino, los propósitos se confirman cada día, dan sentido a la vida, la embellecen. Y son recompensa en sí mismos.

(*) El autor es escritor y periodista. Sus últimos libros son "Inteligencia y amor" y "Pensar"

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