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Un enclave natural de enorme valor para la Región

Además poseeer una gran riqueza, el monte incide sobre las lluvias y el clima de la Región

Por Redacción

A apenas poco más de diez kilómetros del centro de La Plata, el delta del Río Santiago sigue siendo un santuario de vida silvestre desconocido por muchos habitantes de nuestra Región y que siempre sorprende por su belleza a quienes lo terminan por descubrir. Y es que en medio de la creciente expansión urbana resulta increíble encontrar a tan poca distancia de la ciudad un ambiente en gran medida inalterado y con tanta riqueza natural.

Compuesto por dos islas mayores (la Paulino y la Santiago) a las que atraviesan innumerables canales internos, el delta del Río Santiago es un refugio de vida silvestre de alta productividad y un apostadero de fauna migratoria al que regularmente se incorporan especies nuevas. Sitio de cría para fauna ictícola del Río de la Plata, en él viven decenas de variedades de peces, así como unas 170 especies de aves y una amplia diversidad de comunidades vegetales.

Además de ser un purificador natural de agua que retiene los excesos de nutrientes y contaminantes, el delta de Río Santiago incide sobre la temperatura y las lluvias de la Región y actúa también como una escollera natural, atenuando los efectos erosivos del viento, las olas y las corrientes del Río de la Plata sobre la costa local.

En las islas Paulino y Santiago coexisten cinco ambientes naturales distintos, cada uno con su propia vida. El primero de ellos, junto a la playa, es el de los juncales, que actúa como un rompeolas natural frenando el avance del río, reteniendo sus sedimentos y atenuando la erosión fluvial de la costa.

A los juncales les sigue un ambiente conocido como matorral ribereño, en el que se refugia gran cantidad de insectos y mariposas, que atraen a su vez a aves insectívoras. Luego viene el pajonal ceibal, el ambiente más distintivo de las islas, compuesto principalmente por cortaderas, espadañas y totoras.. En sus sectores más elevados crecen ceibos, cuyas ramas sirven de percha a pájaros insectívoros como el suirirí real y el amarillo, pero también al gavilán mixto.

En el interior de las islas predomina un cuarto tipo de ambiente conocido como monte higrófilo, con sus sauces criollos y ceibos, Los cursos y canales internos que atraviesan las islas conforman un ambiente aparte. En sus aguas, cubiertas de camalotes y repollitos, pescan el martín pescador, el macá grande y la esbelta garza mora. También suelen encontrarse pollas, gallaretas y biguás. Varias especies de ranas, culebras, tortugas acuáticas, lagartos overos, comadrejas, coipos, carpinchos y gatos monteses completan su riqueza natural

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