La triple competencia ya no es tal. Para Estudiantes los penales ante Unión fueron la ratificación que el torneo federal es definitivamente esquivo. Pero detenerse en la definición final es reducir todo el análisis prácticamente a la nada misma. El equipo mostró ante Unión distintas falencias que fueron apareciendo durante el tiempo regular, marcando como resultante la poca resolución sobre el planteo rival.
Los circuitos encargados de la generación no mostraron las virtudes de juegos anteriores, las intenciones chocaron y el peso individual estuvo ausente para poder doblegar la propuesta del adversario, que se basó en tratar de imponer dos líneas bien juntas en defensa para, cuando se podía, sacar una contra que nunca apareció con el peso necesario. Y Unión lo consiguió.
Es cierto también que los de Vivas nunca fueron superados exageradamente, es más, nunca en Sarandí quedó flotando la sensación que el tatengue podía ganar de manera cómoda. Todo lo contrario, el protagonismo sobrevoló más cerca de Estudiantes pero siempre ganó la teoría.
¿Cuándo es bueno que esto suceda? Nunca. Pero a la hora de optar es conveniente que las fallas aparezcan ahora en el inicio, cuando el semestre sigue empezando.
Ahora la mira apunta a lo que viene, y más allá de la competencia local, internamente todos miran a Belgrano en Córdoba. Encuentro determinante y con ventaja conseguida en la ida. Si avanza en la Sudamericana, el adjetivo seguirá vigente para la próxima instancia. Esto no significa que el torneo doméstico sea despreciado, pero llenar de sellos el pasaporte es mucho más seductor.
Hay tiempo y material para corregir sin tener que apelar a una cirugía mayor. No es la idea del cuerpo técnico, que encuentra un aliciente en la estructura sólida que ya mostró Estudiantes en varias oportunidades. Sobre eso deberá ajustar y demostrar que el tropezón, quedará solamente en eso.
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