“El diagnóstico de “estrés” para la familia del niño debe ser explicado cautelosamente -sostiene el pediatra Eduardo Silvestre- porque muchas veces pasa que la madre llega al consultorio luego de haber visto gastroenterólogos, neurólogos, cardiólogos y que todos le dijeron que el niño no tiene nada”.
“Por eso, si entonces uno le dice que tiene estrés, puede tomarlo como que no se le creyó, o bien sentirse responsable. Por eso es importante explicar de qué se trata y buscar el origen”.
En el mismo sentido, la psiquiatra infanto-juvenil Liliana Moneta sostuvo que “a los padres les cuesta mucho aceptar que su hijo pueda tener estrés, y el trabajo no es sólo con los niños sino con las familias, porque es una situación a la que hay que prestar mucha atención cuando el chico no quiere levantarse o le duele la panza o la cabeza todos los días”.
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