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Electra, Zorba y Kazantzakis

“ELECTRA”, por la Companhia Do Chapitó”. Intérpretes: Jorge Cruz, Nadia Santos, Tiago Vegas. Sonido: Samuel Rodrigues, Silvio Rosado. Trajes: Gloria Mendes. Diseño de luces: Samuel Rodrigues. Diseño: Silvio Rosado. Fotografía: Susana Chicó. Dirección de producción y producción ejecutiva: Tania Melo Rodrigues. Dirección: Claudia Novoa y Juan Carlos García. Centro Internacional de las Artes del Espectáculo de Sala 420, calle 42 entre 6 y 7.

Un repaso mitológico: Electra, hija de Agamenón y Clitemnestra, hermana de Orestes e Ifigenia. Cuando Egisto, amante de su madre, asesina a Agamenón en complicidad con Clitemnestra, Orestes es enviado al exilio. Tras su regreso, Orestes y Electra matan a su madre y a su padrastro.

Hace ya 4 años tuvimos ocasión de gozar del “Edipo” de la Companhia Do Chapitó en esta misma sala, y quedamos boquiabiertos. También eran tres actores que se multiplicaban en incontables personajes, como lo hacen ahora Nadia Santos, Tiago Vegas y Jorge Cruz, en esta particular e hilarante versión de “Electra”. Porque recordemos que la marca registrada de esta compañía portuguesa es justamente ésa: abordar con humor tragedias clásicas, sin desviarse demasiado del cuentito. Son irreverentes, desaforados, respetuosamente irrespetuosos, si se me permite la expresión, y sus versiones seguramente divertirían a Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Otra característica de sus puestas muy poco convencionales, es trabajar en escenarios despojados. Los actores ponen sus cuerpos y sus voces al servicio de la acción. Son a la vez humanos, animales, objetos, viento, lluvia, mares, todo lo que el texto requiera. Semejante entrega y disponibilidad habla de un entrenamiento físico exhaustivo que da como resultado instrumentos absolutamente afinados, preparados para una interpretación maratónica. Son atletas olímpicos de la escena.

Un escenario sembrado de cucharas de postre y de sopa es lo que el público ve. Cucharas, sí; elementos tan domésticos, que se resignifican a lo largo del espectáculo en infinitos objetos. Un alarde imaginativo que señala la originalidad del enfoque y concepción del producto. Los actores obligan al espectador a asumir un rol sumamente activo; el público debe interpretar cada gesto, leer entrelineas, identificar a cada personaje, decodificar lo que está viendo. Un desafío atractivo y atrapante.

Cada presentación de estos singulares artistas nos deja sin aliento, preguntándonos: “¿Cómo se les ocurrió?”.

Nada como ese final, bailando la memorable danza de “Zorba, el griego”, frutilla de un postre exquisito.

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