Una vez más, con el encendido de la llama votiva y como sucede en forma ininterrumpida desde hace 39 años, el inicio de la Fiesta del Inmigrante en la vecina ciudad de Berisso obliga a valorar la continuidad lograda por esta iniciativa que enorgullece a la Región y que, a la vez, marca un modelo cuya calidad debería ser imitada.
El colorido encuentro de las comunidades extranjeras venidas a nuestra tierra, valorable por sus cualidades intrínsecas, permite antes que nada comprobar lo importante que resulta la constancia en cualquier iniciativa, a la que se suma en este caso el mancomunado esfuerzo de todas las colectividades participantes.
Ahora, tal como acaba de informarse, la festividad iniciada este domingo se extenderá hasta el 9 de octubre, a través de un programa cargado de celebraciones que culminarán, como es habitual, con la elección de la Reina del Inmigrante y el gran desfile de cierre sobre la calle Montevideo. Otra de las instancias características de la fiesta –el arribo simbólico de los inmigrantes al puerto de Berisso- se desarrollará el próximo domingo.
Seguramente que al esfuerzo por mantener vigente a este encuentro, debe sumarse el reconocimiento a la inteligencia desplegada por sus impulsores, patentizada por la creciente repercusión que alcanza y que supera los límites de nuestra región.
Lo cierto es que la Fiesta del Inmigrante sólo encuentra parangón con algunos pocos acontecimientos similares que ocurren en otras jurisdicciones del país, como la Feria del Libro, la Exposición Rural, la Fiesta de la Vendimia o algunos festivales artísticos que se reiteran en el interior del país.
Tal como se ha dicho, es evidente que buena parte del éxito de esta fiesta pública responde a la continuidad que ha logrado sostener durante ya casi cuatro décadas, superando seguramente muchas épocas difíciles y otras tantas circunstancias críticas. La persistencia demostrada por los organizadores resulta auspiciosa y, desde luego, no debería desaprovecharse un ejemplo tan elocuente.
La Fiesta del Inmigrante cuenta, por lo pronto, con el valor capital de que sus organizadores conocen perfectamente cuál es la identidad del objeto que buscan mostrar y en que, además, han logrado coincidir en cómo debe instrumentarse esa exhibición. Eso mismo es lo que debiera lograrse para brindar un mejor servicio relacionado a los tantos y tan ricos patrimonios turísticos con que dispone nuestra región.
La existencia de planes estratégicos comunes, que prevean inclusive el respaldo que los organismos públicos municipales y provincial, así como del sector privado, deberían ser considerados como una prioridad.
Sería deseable, entonces, que el ejemplo plasmado cabalmente por la Fiesta del Inmigrante actúe como disparador de políticas regionales que sepan aprovechar un recurso tan valioso como lo es el turismo. Resulta ciertamente difícil no advertir que en nuestra zona sobran atractivos que permitirían mejores aprovechamientos. Sin embargo, ese recurso, inexplicablemente, se mantiene desaprovechado.
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