El argentino Gaston Solnicki presentó ayer en la prestigiosa sección Orizonti del Festival de Venecia “Kekszakallu”, una película que dentro de su filmografía es un tránsito a la ficción luego de sus logrados documentales “Suddën” y “Papirosen”.
Inspirada en “El castillo de Barbazul” (de ahí el término Kekszakallu, que es Barbazul en húngaro), ópera de Bela Bartok estrenada en 1913 y que como “un volcán en erupción continua” preanuncia o dibuja algunas de las trágicas situaciones por las que atravesará Europa con dos guerras por venir, el filme nace del intento de explorar cierta angustia propia de los veraneantes en tiempo de ocio y se dispara en múltiples direcciones, construyendo un relato sobre la angustia de vivir.
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