Por
Eduardo Tucci enfoque
Si nos quedamos con el argumento de la ausencia de Messi como la causa fundamental de la pobrísima actuación ante Venezuela estaríamos simplificando el problema. Si bien está claro que a Uruguay se le ganó gracias al aporte del gran capitán y al peor equipo del grupo fue imposible superarlo sin el salvador, no se puede dejar de reconocer que quedaban jugadores de suficiente jerarquía como para sortear un compromiso que no era de los más exigentes.
Pero también la noche de Mérida dejó al descubierto que a este equipo todavía le falta mucho trabajo, elegir y potenciar una idea de juego y, fundamentalmente, definir una identidad. Todo esto, por ahora, no aparece y la Selección de Bauza se ha limitado a pelear más que a jugar. Eso quedó demostrado cuando sufrió mucho para conservar la victoria sobre los uruguayos y con todo lo que padeció para no volverse de Venezuela sin nada.
Sin dudas que todo pudo ser mucho peor porque la derrota hubiera significado un golpazo tremendo, un papelón en el comienzo de un ciclo en el que se están jugando muchas cosas. Bauza tuvo poder de reacción cuando, después de un primer tiempo horrible, acumuló jugadores de características ofensivas con la finalidad de salvar el partido.
Ya que no se podía apostar al funcionamiento, el DT juntó gente de tres cuartos de cancha para arriba y se aprovechó de la fragilidad de un rival que ni siquiera supo hacer valer la ventaja que había acumulado en el marcador. De todas formas, más allá del alivio que significó no volverse con las manos vacías, quedaron al descubierto las enormes grietas de un equipo que bajó notablemente su cotización.
En lo que se refiere estrictamente al juego, la Selección no se ajustó a una única fórmula: en algunos momentos salió con pelotazos largos y en otras buscó hacer valer un juego más combinado. En ningún momento las distintas variantes empleadas –sumadas al despliegue de Lucas Pratto, una de las notas salientes-- alcanzaron para imponer condiciones. Esta vez el vendaval ofensivo y el empuje al borde de la desesperación alcanzaron para evitar la caída pero seguramente con eso no alcanzará para superar los próximos escollos.
A la falta de profundidad se sumó durante gran parte del partido la ausencia de garantías suficientes en la retaguardia. Encontrar el camino por donde quiere transitar este equipo es el gran desafío que le espera al Patón Bauza de cara a los cuatro compromisos por Eliminatorias que le quedan en el año, entre ellos ni más ni menos que el clásico ante Brasil.
Con o sin Messi –que seguramente dirá presente en las citas futuras--, faltaron solidez, argumentos y concepto; recuperarlos será seguramente será el gran desafío de aquí a fin de año. Contra Venezuela, con muy poco, se pudo ganar en algún contragolpe, pero también se pudo perder. Argentina ha dado un paso atrás y debe recobrar su confiabilidad en una competencia pareja y muy complicada en las que ningún equipo tiene asegurado nada.
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