En la mansión de Paisley también estarán en exhibición los siete premios Grammy de los que se hizo acreedor Prince, un Golden Globe y el Oscar a la mejor banda sonora original que se le entregó por la película “Purple Rain”, además de instrumentos, autos y motos.
Para esto, deben cubrirse decenas de puestos en el complejo, desde gerente general hasta expertos en marketing, guías turísticos y agentes de seguridad, para lo que se pautó una mega-convocatoria este fin de semana.
Según trascendió, los fanáticos de Prince que quieran acceder a Paisley Park (foto) deberán adquirir un pase, que podrá ser standard o VIP: el primero, por 50 dólares, dará la chance de hacer un recorrido de poco más de una hora e incluirá una a los estudios, un salón de eventos privados y una suerte de Club de Música que allí funcionaba.
El segundo, por U$S 110, sumará a ese circuito otras dependencias y la oportunidad de acercarse a archivos, objetos y fotos privadas.
De acuerdo con quienes compartieron su labor creativa cotidiana, al cabo de las periódicas jornadas de zapadas y grabación, Prince decidía si el material era pasible de ser editado, quedaría para retocar más adelante o era relegado a sus archivos por tiempo indefinido.
Las cintas eran estibadas en estantes, del suelo al techo, en un cuarto especialmente acondicionado -con temperatura y humedad controladas-, en el sótano de Paisley Park: se accedía por un ascensor, y a través de una puerta de acero cuya combinación sólo conocía su dueño.
“He archivado muchísimo material, desde los ‘80, porque no estaba listo y no quería que fuera escuchado” reveló Prince el año pasado: “un día volveré a él y lo terminaré, y va a sentirse como si el tiempo no hubiera pasado. Para mí, el tiempo se pliega sobre sí mismo”.
Semanas atrás, una cuadrilla contratada por Bremer Trust, la firma contratada para administrar temporariamente el patrimonio del cantante, ingresaron taladros en mano a la bóveda; se toparon con grabaciones como para editar un álbum nuevo por año a lo largo de un siglo.
Susan Rodgers, quien fuera ingeniera de sonido de Prince, indicó que la mayor parte del material se produjo en los ‘80, cuando el genio de Minneapolis estaba en una vena tan prolífica que era imposible editarlo todo junto.
“Producíamos más en un mes que lo que la mayor parte de la gente logra en un año” recordó Rodgers: “para 1987, cuando me fui, la bóveda ya estaba casi llena. Y pasaron dos décadas más”.
Entre las “jams”, canciones sueltas y álbumes enteros que descansan entre esos archivos estarían títulos como “The second coming” (1982, disco en vivo de la gira “Controversy”); “In a large room with no light” (1986, canción con impronta jazzera destinada al malogrado proyecto “Dream factory”; “The Flesh: Junk Music” (1985/6, zapadas instrumentales con Sheila E., Wendy & Lisa y otros); “Can I play with you” (1986, tema festivo con un solo de trompeta de Miles Davis); “The undertaker” (1993, otro disco de zapadas pero en plan power-trío hendrixiano); y “Musicology live” (2004, grabado durante un show en la ciudad de Detroit”. También habría, al menos, una película.
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