Cuando la tragedia de la muerte de su hijo adolescente se impuso con la prepotencia de lo inesperado, inmerso en el luto, el legendario cantautor Nick Cave encontró parte de su catarsis recorriendo el sendero de recuerdos e introspección que revela en su nuevo disco, “Skeleton tree”, que será editado hoy y cuyo proceso creativo narra un sugestivo documental acaba de ser presentado en el Festival de Venecia.
En el film, Cave se despierta cada día, se mira en el espejo y siente que algo ha cambiado en su interior, al tiempo que comprueba que el mundo que lo rodea sigue su curso, más o menos ajeno a las penas que lo atormentan desde hace más de un año. En julio de 2015 su hijo Arthur, de 15 años, cayó por un acantilado de la ciudad inglesa de Brighton y murió pocas horas después en el hospital.
Por ello, “para explicar cómo están las cosas”, Cave accedió a trabajar con el realizador estadounidense Andrew Dominik en un documental sobre el que es su decimosexto disco junto a su banda The Bad Seeds.
El resultado es “One more time with feeling”, filmado en blanco y negro 3D. Un registro envolvente e íntimo, por momentos sobrecogedor, en el que Cave va develando poco a poco los temas que integran el disco, cuyo adelanto fue “Jesus alone”.
“Con mi voz, te estoy llamando”, suplica el australiano, abatido frente a su piano, acompañado por apuntes electrónicos y violines, en una melodía hipnótica que va ganando intensidad y dramatismo en su desarrollo.
Cave se sienta ante el micrófono con rostro sombrío y entona las melodías de nuevo disco, como “Girl in amber” o “Anthrocene”, con su particular lirismo empañado por el desgarrador trance que vive. Si bien no cita expresamente la causa de su pesar, la tristeza y la melancolía lo impregnan todo, incluyendo el rostro de su esposa, Susie Bick, y de su otro hijo -gemelo de Arthur-, Earl.
Así lo trasmite Dominik, con un documental en el que la tridimensionalidad de las imágenes convierte a los protagonistas en una suerte de figuras teatrales.
El director explicó que la pieza fue grabada a petición del propio Cave, ideada como “un miniconcierto” y “una experiencia teatral” intimista en la que “la música completa el espacio”.
Dominik destacó su intención de mostrar en la pantalla las dos personalidades de Cave: “Nick es un dios pero también una persona que siente miedo ante el micrófono. Ambas conductas son verdaderas y hay que mostrarlas”, afirmó.
“A veces es introvertido y quisquilloso”, reveló el realizador: “cuando vio el film tenía sentimientos encontrados, se preguntaba dónde estaba el confín entre el retrato legítimo de una persona que vive una experiencia y en qué momentos el luto resultaba excesivo. Cómo tratar la cuestión de la tragedia. Eso lo preocupaba”.
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