Con la presentación en Mar del Plata de su unipersonal “Fucking fucking yeah yeah”, Favio Posca validó una vez más su título de artista y rockstar camaleónico arriba del escenario, pero sobre todo confirmó lo cómodo que se siente jugando de local en la ciudad en la que nació hace 50 años.
“La sala estallaba, había mucha energía, y creo que es el mejor ejemplo de que si ponemos lo mejor de nosotros, Mar del Plata va a volver a brillar, sin dejarnos llevar por los estigmas de que la cosa no funciona”, dijo Posca apenas estrenado su show, en un mensaje optimista muy similar al que lanzó desde el escenario del teatro Roxy al cerrar su performance de casi dos horas en la que no faltó ninguno de sus personajes, que volverán cada martes de enero y febrero.
Para esta temporada, Posca decidió adaptar junto a Luisa Cayetana una puesta en escena “más psicodélica”, según sus palabras, de la obra que presentó en la Sala Pablo Picasso del porteño Paseo la Plaza durante 2016 y que reeditará desde el jueves a las 23 con tres funciones semanales (viernes y sábados a las 0.15).
En 2016 también, Posca se dio el lujo de meterse en el “prime time” de la televisión con una destacada participación en el concurso “Bailando por un Sueño” del “ShowMatch” de Marcelo Tinelli.
Consultado en relación al supuesto boicot en contra de Mar del Plata, el actor tomó la palabra. “La verdad no me interesa saber de dónde salen tantos malos estigmas, pero desde mi lugar sé lo que voy a poner para que se puedan revertir”, manifestó el humorista.
Posca tiene personajes en el escenario, como El Perro, por ejemplo, con los que deambula desde hace veinticinco años, y los que, sin embargo, siguen pareciendo nuevos. ¿Cómo hace?
“Como dice El Perro, él es un mito vivo. Es que son tan vívidos los personajes que a partir de que compongo el show están tirando data ellos solos. Es como que siguen viviendo, y les van pasando historias. Yo sólo me meto a imaginar cosas, pero que les pasan a ellos. Tiene que ver con un texto más de guión, de cine, donde la risa siempre cabalga muy presente, pero surge de una historia, no de un chiste. Y obviamente siempre hay personajes nuevos, toda la música es nueva en este show. Hay cumbia, punk rock, rock más tipo Lou Reed. Salen canciones a capella y a la gente le gusta mucho”, manifestó.
En el show, debido a su histrionismo, hay momentos en el que pareciera que improvisa. Pero no. “Juego con eso. Que parezca que es, pero no. No soy un tipo que le guste la improvisación. Creo que soy bueno en la improvisación, pero detrás hay que tener una estructura dramática real desde lo escenográfico que te contenga. Porque sino, hay un bache seguro, y no sabés qué decir y cae el espectáculo. Y eso nunca me gustó”, contó.
Por otra parte, el humorista aseguró que “nunca espera mucho del público” porque casi siempre las reacciones son diferentes. “Hay gente que se agarra la panza de la risa, otra mira expectante todo el show, se sorprende, se sonroja, transpira, se miran. Mi show tiene que ver con rozar todo el tiempo los prejuicios. Yo hago la mía y voy siempre a fondo. Porque sino es como que los hacés laburar a ellos también”, reconoció.
En este espectáculo, Posca se ve “más humano”, de hecho, bajó en su función debut a la platea y hasta se abrazó con algunos espectadores. “Es una puerta que abrí. Un movimiento que no había hecho nunca antes. Después de muchos años de laburo con un terapeuta aprendí que muchas cosas se solucionan cuando uno sabe quién es. Cuando te aceptás, incluso con tus defectos, empezás a generar un power que desconocés. Y yo descubrí que puedo manejar una energía, y que con el arengue al público esa ola se desata. A mí me importa que el tipo que sale de mi show se vaya raspado, tocado, que salga diferente”.
Tras su participación en “Bailando por un Sueño”, Posca no puede, aún, advertir si la popularidad que recogió con ese certamen ya se ve reflejada en lo teatral. “Esa es la gran pregunta. A mí siempre me fue bien en teatro, haga tele o no. Es probable que se haya incrementado quizás con gente de otras edades. Mi público es básicamente joven, pero si viene una abuela es genial. Que siempre haya pendejos es brillante, porque yo siento que les sigo hablando a ellos. Por ahí después de los 40 no me tiro al pogo, pero el paso del tiempo va en uno. Y el público que no tenía, quizás más grande, siempre es bienvenido”.
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