Fue, además de un reconocido odontólogo de vastísima experiencia, un profesional que sobresalió por su calidez humana y el trato afable que dispensó, sin distinciones, a cada uno de sus pacientes. Por eso el fallecimiento de Simón Heffes, ocurrido a sus 71 años, provocó sentidas muestras de pesar en los distintos ámbitos en los que su labor fue apreciada y valorada.
Hasta sus últimos días Heffes siguió abocado a la profesión a la que dedicó su vida, atendiendo en consultorios particulares en La Plata y en la localidad de Magdalena, donde fue uno de los precursores de la actividad odontológica y dejó huella.
Había nacido en La Plata el 26 de diciembre de 1946, siendo uno de los cinco hijos del matrimonio conformado por Gabriel Heffes (quien fuera presidente de la comunidad sefaradí) y Sara Sada, a quien todos conocían como Aurora. Junto a sus hermanos Emilia, Sara, Daniel e Isaac, pasó los primeros años de su infancia en el barrio de 12 y 62, hasta que la familia cumplió el sueño de acceder a la casa que siempre habían querido, en 63 entre 11 y 12.
Tras completar sus estudios primarios en la escuela Alejandro Carbó y secundarios en el colegio Comercial, se volcó a estudiar Ciencias Económicas. Sin embargo, esa carrera no lo convenció y se inclinó finalmente por Odontología, convirtiéndose, años después, en integrante de una de las primeras promociones de graduados de esa carrera en la UNLP.
Ya con el título en mano, Heffes concentró sus esfuerzos en dar impulso a su carrera laboral. Alquiló un consultorio en La Plata y otro Gorina, donde atendió pacientes de forma particular. Hizo lo propio en Magdalena, donde fue uno de los primeros odontólogos y ejerció su profesión con el mismo esmero y compromiso durante 45 años. Nunca dejó de atender a alguien que no tuviera dinero o pasara por una urgencia: “Más allá de su excelencia se destacaba por su generosidad y calidez humana”, resaltaron quienes lo conocieron.
También hizo carrera en el Servicio Penitenciario Bonaerense, de donde se jubiló como Inspector Mayor, uno de los cargos más altos al que se puede aspirar. Reconocido por sus colegas, integró entidades profesionales como el Colegio de Odontólogos de la Provincia y la Sociedad Odontológica de La Plata.
En 1973 se casó con Susana Schulman, a quien había conocido en la infancia en el club Macabi. Con ella tuvo cuatro hijos a los que se entregó por entero y a quienes supo transmitirles sus valores humanos: Yanina, la mayor, que siguió sus pasos en la odontología y hasta se dieron el gusto de compartir consultorio; Luciana (Prof. de Educación Física), Nacho (arquitecto) y Ramiro (médico).
Escuchar tango y viajar -conoció Grecia y Egipto años atrás- contaban entre sus intereses. Pero sobretodo adoraba los perros, animales con los que mantenía un vínculo muy especial. A lo largo de su vida tuvo decenas de mascotas a las que cuidó con amor y dedicación. “Homero”, “Nina” y “Chicho” lo acompañaron estos últimos años.
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