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Cómo se gestó el escandaloso informe sobre Trump y los rusos

El presidente electo de EE UU, Donald Trump

Por Redacción

Es una historia sensacional, publicada antes de la primera rueda de prensa de Donald Trump como presidente electo: las agencias de inteligencia estadounidenses le habían informado al magnate que había reportes no confirmados de que Rusia tenía datos comprometedores sobre sus gustos sexuales y su vida familiar. Las supuestas gestiones rusas fueron descriptas en un expediente de dudosa veracidad elaborado en agosto. Pero los rumores corrían por Washington desde octubre, tras advertencias vagas de que había algo raro entre el Kremlin y Trump. El mandatario electo aseguró que ese documento de 35 páginas es “falso” y que eso se lo corroboró el saliente jefe de la CIA, James Clapper.

Según el diario The New York Times, en septiembre de 2015, un millonario donante republicano (anónimo), que no quería que Trump ganase la primaria, contrató a la empresa de investigación Fusion GPS para que hiciera un informe sobre los puntos débiles del entonces aspirante a la Casa Blanca. La empresa está radicada en Washington y ofrece “investigación premium” principalmente a empresas, estudios de abogados e inversores, según su página web. Una vez que Trump consiguió el número de delegados necesarios para asegurarse la nominación, el donante salió de escena. No así Fusion GPS, que siguió con su investigación “de oposición” a Trump para seguidores demócratas de Hillary Clinton. En junio de 2016, coincidiendo con las informaciones sobre el hackeo a los servidores web del Partido Demócrata, la filtración de la información robada y los indicios de que los ciberataques habían sido perpetrados por agentes rusos, la investigación de Fusion GPS empezó a centrarse en Rusia.

El responsable de la compañía, Glenn Simpson, contrató al ex espía británico Christopher Steele para que indagase las relaciones de Trump con Moscú, según el New York Times. Varios medios de EE UU destacan el prestigio de Steele, que trabajó como agente encubierto en Rusia. Pero Steele no viajó a Moscú para esa investigación sino que contrató a informantes nativos con cuyos testimonios fue redactando los memos que salieron a la luz.

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