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El juego sagrado

Por CLARISA FERNANDEZ

Desafiando los ritmos acelerados de la vida adulta actual, aparecen nuevas alternativas recreativas para los más pequeños, donde el juego, la imaginación y el compartir con otros, son las prioridades. Las tablets y lo tech, afuera

Los tiempos cambian, y con ellos, las formas de crianza de los hijos, los patrones que definen la infancia y lo que chicos y grandes consideran diversión y entretenimiento. En esa melange de transformaciones aparecen nuevas formas de recreación, alejadas de la tradicional sortija de la calesita o el fútbol en la plaza. Hoy, encontramos espacios pensados exclusivamente para divertir a los chicos, que combinan lo lúdico con el trabajo en equipo, el compartir, y la creación de un lugar de pertenencia que va mucho más allá de pasar el rato. Desde murgas y bibliotecas, hasta circo y gimnasios para chicos. En esta nota, cómo los chicos pueden dar la espalda a las tablets y volver a encender el fuego sagrado de la imaginación.

Los niños solo quieren divertirse

Un niño toma su nariz de payaso y planea una improvisación teatral. Se maquilla de mimo, y empieza a hablar frente a los adultos, frente a otros niños, frente a cualquiera. Una niña se sumerge en la lectura un sábado por la tarde, baila en una murga, corre y juega por el parque junto con sus amigos. Un pequeño de dos años escala obstáculos, canta canciones, dibuja y se mueve por todo el espacio cargado de colores chillones y formas de todo tipo. Muy cerca, otro niño, junto con otros chicos y chicas de su edad, amasa un poco de harina, huevos y leche en un taller de cocina, dándole vida a su primera experiencia culinaria. Estas escenas no son postales idílicas de una realidad inalcanzable, sino realidades cotidianas de muchos niños y niñas que pasan tu tiempo libre desarrollando la creatividad, la imaginación y el movimiento.

En el contexto de hipertecnologización actual, muchos expertos recuerdan la importancia que tiene el juego y el movimiento en el crecimiento de los chicos. Valeria Emiliozi es Licenciada en educación física, doctora en ciencias de la educación, docente e investigadora. Ella afirma que el juego puede desarrollarse en varios espacios como plazas, parques, etc., porque los niños pueden convertir ficcionalmente cualquier objeto en otro: “Los objetos rápidamente adquieren vida y entran en un espacio ficticio y de fantasía que conforman al juego. Jugar es recrear el contexto con los elementos materiales y subjetivos disponibles, es un placer que sólo se justifica en el sí mismo del juego”, afirma la doctora.

Diana Lavigne tiene 52 años y nació en Daireaux, un pequeño pueblo ubicado en el centro de la Provincia de Buenos Aires. A los 18 vino a La Plata a estudiar plástica en Bellas Artes, y a los 25 conoció a Gustavo, con quien lleva 27 años de casada y tiene dos hijos: Sofía, de 23 y Santino, de 8. Esos 15 años que pasaron entre sus hijos le marcaron diferencias notables en la crianza y en las formas de pensar actividades para ellos. Sofía hizo patín y hockey, pero a Santino los deportes lo aburren. Cuando el pequeño cumplió 6 años, Diana recordó la ilusión que su hijo sentía, año tras año, durante las vacaciones en Mar de las Pampas: no podía esperar para ver los espectáculos circenses que se armaban a la gorra. “La primera vez que los vio tenía 11 meses, a partir de ahí esperaba las vacaciones para ver esos espectáculos, porque no eran una cosa tan común de ver acá”, recuerda la mamá de Santino. Fue así que Diana buceó en internet y encontró la compañía Budinetto Circo, y, a partir de ahí, ya no tuvo que buscar más: Santino había encontrado su lugar. Comenzó con telas, acrobacias y trapecio, las improvisaciones y el mimo, la melódica y la construcción de un personaje. Después de todo esto, Santino fue descubriendo su parte lúdica, y hoy se perfila como un artista multifacético.

Juliana tiene 7 años, y su hermano Nicolás, 17. La mamá, Cintia Guanzetti, de 34 años, afirma que a su hija no le gusta hablar con mucha gente o con desconocidos. Cuando quisieron llevarla a patín, nunca se quiso quedar, y tampoco le gusta mucho la escuela, aunque le va muy bien. Una tarde de agosto del 2015, la hermana de Cintia le sugirió que llevara a Juliana a la Biblioteca Del otro lado del árbol, en el Parque Saavedra. “A partir de que empezó a ir a la biblio –como la llama ella- Juliana es otra nena. Cruzamos la vereda y se va corriendo, se mete en la biblioteca y se libera completamente”, afirma Cintia. Allí, Juliana y Cintia comparten el espacio de la murga, y más recientemente se sumó Nicolás: “es como una segunda casa”, sonríe Cintia.

María Belén Leitao tiene 32 y está en pareja con Fabio desde los 15. Ella cumplió 27 y se fueron a vivir juntos; en el 2013 nació Santino. Cuando el niño tenía poco más de dos años una vecina le comentó a Belén de Dinamokids, un gimnasio lúdico para chicos, equipado para distintas edades, ideal para pequeños inquietos. “Desde chiquito a Santi lo cuidamos nosotros, pero es muy activo y yo pensaba que estaba muy encerrado. Me comentaron de ese lugar y quise ver cómo respondía él con otra persona que no sea el papá o yo”, recuerda Belén. Allí Santino nunca se quedó llorando, es más, se adaptó a la perfección. Así, Belén se separó por primera vez de su niño: un ejercicio previo al jardín, que comienza en el 2017. Y no es para sorprenderse: en Dinamokids, los chicos encuentran actividades para cada edad que van desde música, juegos de movimiento, baile, dibujo, masa, cuentos, juegos con pelotas, aros, telas, circuitos , etc., guiados por un profesor de educación física y una maestra jardinera.

El juego puede desarrollarse en varios espacios como plazas, parques, etc., porque los niños pueden convertir ficcionalmente cualquier objeto en otro: “Los objetos rápidamente adquieren vida y entran en un espacio ficticio y de fantasía que conforman al juego”

Brenda Mazza es una platense de 32 años que desde que tuvo a su hijo Santiago, de 7, siempre le gustó llevarlo a pasear al aire libre. Amante de las plazas y los juegos, Santiago está acostumbrado a correr y a liberar energías, como cualquier niño de su edad. “Cuando Santi tenía 3 años –recuerda Brenda- un amigo de mi hermano, que se llama Tomás, me comentó del Kinder, una actividad que se hace en el club platense Max Nordau”. Allí, se dividen a los chicos por edades y se hacen distintas cosas como talleres, campamentos, entre otros; en donde los chicos aprenden a compartir y a crear juntos. A Santiago desde hace 4 años, todos los sábados, lo reciben en un marco de contención afectiva y lúdica.

El juego en cuestion

Según un informe de UNICEF publicado en el 2016 titulado “Kids Online. Chicos conectados. Investigación sobre percepciones y hábitos de niños, niñas y adolescentes en Internet y redes sociales”, en Argentina hay más de 13 millones de niños, niñas y adolescentes, de los cuales 6 de cada 10 se comunican usando celular y 8 de cada 10 usan internet. Dentro de esos usos, el juego es una de las actividades predominantes, ocupando gran parte de su tiempo y convirtiéndose en una práctica cotidiana y constante. En ese marco, el entretenimiento por fuera de estas tecnologías, el contacto con otros chicos y con espacios recreativos compartidos, son fundamentales para generar nuevos lazos en el desarrollo del aprendizaje y la socialización.

¿Qué hay en común entre el kinder, el gimnasio lúdico, el circo y la biblioteca? Si bien son todos espacios diferentes, se trata de lugares recreativos que buscan generar en los chicos un lugar de pertenencia donde se combata el aislamiento, se compartan los momentos de juego y se aprenda en ese proceso. La doctora en Ciencias de la educación, Valeria Emiliozi, afirma que los espacios no tradicionales, como los gimnasios o los centros culturales, pueden funcionar como una práctica corporal que pone precisamente en juego saberes que circulan en la cultura. “Frecuentemente se piensa que el juego aparece como consecuencia de un proceso natural de los niños, sin embargo es pertinente pensarlos como un recorte cultural que debe ser trasmitido y enseñado pues el jugar supone también un proceso de aprendizaje”, afirma Emiliozi.

Una de las ventajas de los espacios recreativos no competitivos, es que respetan las singularidades de cada niño y niña, abriendo un abanico de posibilidades de juego que se expande naturalmente sin reglas de disciplinamiento pre establecidas. Cintia Guanzetti resalta que en la biblioteca Del otro lado del árbol no existen las jerarquías, ni las diferencias sociales, porque lo que prima es el interés de los chicos. “Yo quería buscarle un lugar a Juliana en donde ella pueda hacer lo que le gusta. Es una nena que le gusta leer, escribir, dibujar. Le gusta más eso que hablar de novios, o ponerse tacos. Es más intelectual” -cuenta Cintia. En la biblioteca Juliana se maneja como pez en el agua, y no se pierde un solo espectáculo de los que se presentan allí los sábados. Para el receso de la biblio, sacó 7 libros que guarda celosamente, a la espera de ser leídos durante las tardes de verano.

Santino empezó en la compañía de circo Budinetto a los 6 años. En ese entonces eran 15 chicos, y él era el más pequeño. Hoy, casi tres años después, Santino admite que no faltó a una sola clase, sólo cuando estuvo enfermo. Ahora se sumaron tantos chicos que están divididos en edades, y las clases se transformaron en una verdadera escuela de circo. Allí hacen acrobacias, telas, trapecio, tocan instrumentos y hacen improvisaciones teatrales. “Es muy completo –admite Diana- porque no sólo se mueven, sino que también desarrollan habilidades de acuerdo a lo que a cada chico le interesa. Además se armó un grupo hermoso, como una familia”. Después de haber probado deportes y talleres de plástica, para Santino empezar circo fue un auto descubrimiento: “yo no conocía su parte histriónica, para mí fue una novedad hermosa verlo actuar en la varieté que organizaron el año pasado”, sonríe Diana.

La doctora Emiliozi afirma que a través del juego se activa la apropiación de un universo de sentidos y significados particulares. “Esto nos permite pensar que los niños juegan porque se les ha transmitido un saber del juego, pudiendo (re) inventar ellos mismos esos juegos”, añade.

Pero, ¿qué tan accesibles son estos espacios? Otra de las variables ineludibles que los padres se preguntan en relación con las actividades de sus hijos tiene que ver con la posibilidad o no de acceder a ellas. Lo cierto, es que hay para todos los gustos. Desde los gimnasios recreativos hasta las bibliotecas, estas actividades pasan de cuotas mensuales fijas hasta bonos de colaboración populares. En Dinamokids la cuota mensual está entre los 700 y los 1100 pesos, dependiendo los días y la cantidad de horas. La Compañía Budinetto cobra unos 350 pesos por mes, dos horas, dos veces por semana. En el caso del Kinder, se abona 60 pesos por día para los no socios y 40 para los socios, mientras que la Biblioteca Del otro lado del árbol cuenta con una cuota semestral de 100 pesos para los socios.

Para los fanáticos del confort y la infraestructura infantil, hasta los amantes de las experiencias en clubes de barrio, pasando por las expresiones artísticas e intelectuales, cada uno encuentra su lugar. En tiempos donde el ritmo frenético de los adultos marca las prioridades de los más chicos, algunas estrategias alternativas surgen para airear la rutina y volver a conectar con el juego y la imaginación, creando nuevos caminos donde el entretenimiento se rebela frente a la omnipotencia de la pantalla.

DATOS UTILES
Compañía de Circo Budinetto: Avenida Arana Nº 236. Villa Elisa
Dinamokids: Calle 22 Nº 1495. La Plata
Club Max Nordau: Calle 11 Nº 1272. La Plata
Biblioteca Del otro lado del árbol: Parque Saavedra (calle 66 y 15). Parque cerrado. 

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