Horacio Guarany siempre decía que, para él, la felicidad era cantar. De hecho, lo hizo hasta no hace mucho tiempo, cuando su salud lo obligó a bajarse definitivamente de los escenarios. En la Ciudad, por caso, su última actuación fue en septiembre de 2014 cuando el cantante popular encabezó los festejos por el 103 aniversario de la localidad de Lisandro Olmos. Dos años antes, en 2012, lo habían homenajeado en el Festival Internacional de Folclore que se realizó en el Bosque platense.
Sonriente y alegre, con su chispa habitual y ese brillo característico en sus profundos ojos negros, así se lo vio en el Centro Vecinal Unidos de Olmos, en 44 y 184, cuando entonó un puñado de clásicos, con su estilo característico.
De esto, claro, hace poco menos de dos años; una cita que, todavía, muchos vecinos recuerdan por el contacto cálido y sincero que el último gaucho del folclore solía tener con su público.
De este concierto, que convocó a una multitud, con entrada libre y gratuita, también participó Peteco Carabajal, colega y amigo de Don Horacio y quien ayer le dedicó sentidas palabras de reconocimiento.
Dos años antes, en abril del 2012, el Bosque platense fue sede del Festival Internacional de Folclore Buenos Aires, en una edición especial en la que Horacio Guarany fue homenajeado por sus colegas.
Figuras de la talla de Luciano Pereyra y el Chaqueño Palavecino fueron algunos de los amigos que cantaron sus músicas, en una gala inolvidable en la que también estuvieron presentes otros artistas como Enrique Llopis, Marian Farías Gómez y la Camerata Académica del Teatro Argentino.
“Al gran cantor por excelencia popular, al que le daban la llave para cerrar los festivales en los pueblos, cantor de folclore de los pueblos”, lo definió Palavecino, quien lo denominó además “como una institución que ha marcado de por vida a muchas generaciones”.
Entre anécdotas y canciones, Guarany y toda su algarabía le pusieron el broche de oro perfecto a la última jornada del festival, en el que le entregaron el premio Atahualpa Yupanqui en reconocimiento a su obra.
“Si se calla el cantor”, como no podía ser de otra manera, fue el cierre en conjunto, de una velada que quedará para el recuerdo.
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