La ruptura entre el poderoso Primer Comando de la Capital (PCC) de San Pablo y el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, las dos mayores facciones del crimen organizado en Brasil, quedó clara días atrás con los cuerpos decapitados del centenar de presos asesinados en los estados de Amazonas y Roraima. Según el diario O Estado de Sao Paulo, las otras 25 facciones que actúan en el país tomaron partido por uno u otro grupo, mientras los grandes patrones nacionales reformulan el tablero en una guerra sangrienta. Una de esas bandas es la Familia do Norte (FDN), la tercera más poderosa del país, que se alió a los cariocas contra el PCC. El Comando Vermelho usaba las rutas del sur que ahora dirige el PCC y debió buscar soluciones en el norte. Allí se unió con la FDN para hacer una ruta alternativa al PCC, que quiere dominar todo Brasil. El PCC dejó hace tiempo de ser una banda de presos que exigía mejoras en las cárceles paulistas. Con ese fin nació en los años 90 y hoy tiene más de 20.000 integrantes que vieron que su poder podía ser más rentable al otro lado de las rejas. Desde los grandes centros productores de cocaína -Colombia, Bolivia y Perú, fronterizos con Brasil- el país es un enorme corredor terrestre para los envíos de droga hacia Europa, con escala en África.
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