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Luz en el jardín

Por Redacción

Una buena iluminación marcará la diferencia para disfrutar aún más de los espacios verdes de la casa

Da igual cuántas flores y plantas hermosas haya en un jardín. En la oscuridad de la noche, nada se luce. ¿Pero por qué no hacer algo para que sea un placer mirar hacia afuera desde una ventana o para que en una cena de verano, al aire libre, dé aún más gusto estar rodeado de verde? La iluminación es la encargada de hacer la gran diferencia.

A la hora de pensar cuál sería una buena iluminación de exteriores, puede ayudar imaginar el jardín como si fuese un escenario con una parte de adelante, otra media y otra de fondo.

Según los especialistas, la profundidad visual puede lograrse iluminando plantas que se encuentran a distintas distancias.

Los árboles suelen ser iluminados desde abajo, de modo que las copas desplieguen todo su esplendor, y las texturas de los troncos pueden realzarse aplicando “uplights”, también desde un ángulo inferior.

Para las flores lo más adecuado son las lámparas flexibles, que permiten redireccionar la luz dependiendo de dónde esté floreciendo en cada momento.

En cambio los arbustos, las hierbas y los helechos adquieren un mejor realce si se los ilumina desde atrás.

MARCANDO EL PASO

Desde ya, si en el jardín hay senderos y escaleras, habrá que iluminarlos por motivos de seguridad. Pero allí también se puede hacer primar la estética a la hora de elegir lámparas o faroles.

Para los senderos hay hermosas luces con forma de pequeño poste, mientras que para las escaleras se suele optar por una iluminación desde un ángulo inferior o desde los costados. De ese modo se logra que los peldaños se vean bien y que nadie quede encandilado.

También se pueden instalar bandas lumínicas en los escalones. Es una excelente opción.

Lo ideal es pensar cuál será la iluminación del jardín mientras se hace el plan de qué plantas, árboles y flores habrá en esa superficie. Es bueno preguntarse, por ejemplo, cuál o cuáles serán los lugares en los que uno se sentará más tiempo y hacia dónde estará dirigida la mirada.

Una vez que tenga la respuesta, sabrá con mayor certeza dónde sería bueno colocar faroles, por un lado, y dónde vendría bien tener enchufes, por otro.

La regla es siempre la misma: más vale tener conexiones eléctricas de más que de menos. De ese modo, si la vegetación cambia con el tiempo, uno puede adaptar fácilmente su propio lugar.

Los cables deberían estar siempre al menos a 60 centímetros de profundidad.

Un detalle no menor a la hora de diagramar la iluminación es cómo afectará o atraerá a los insectos.

Se recomienda además evitar las bolas lumínicas, ya que la luz que irradia hacia arriba es particularmente perjudicial. Es mejor utilizar los sistemas de iluminación “full-cut-off”, que apuntan siempre en sentido contrario.

Y aunque requiera de cierta inversión, verá cómo la iluminación hace que su jardín cambie por completo.

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