Para la socióloga platense Lucrecia Arceguet, detrás del auge de la defensa de los derechos de los animales “hay algo de exageración. Asombra, por ejemplo, que se haga una marcha por la muerte de un perrito y al mismo tiempo no se sienta la misma empatía por problemas que involucran a otros seres humanos”.
Arceguet considera que “algo que puede explicar este fenómeno es la comodidad que representa la relación con un animal frente a las dificultades que plantean las relaciones con otros seres humanos. De la mano de la mayor empatía con las situaciones que involucran a los animales también se ven otras actitudes que parecen exageradas, como poner a los animales en un lugar parecido al de los hijos en una casa, celebrar sus cumpleaños y otras conductas por el estilo”.
En consonancia con ese tipo de críticas, también en el mundo hay quienes consideran “un lujo” la preocupación por los derechos de los animales cuando hay tantos seres humanos que atraviesan las situaciones más dramáticas sin generar la misma empatía.
Ante ese tipo de planteos, el periodista y defensor de los derechos de los animales Franz Olivier Giesbert sostiene que “no hay que dividir la compasión”.
“¿Porqué hay que dividir la compasión? Lo que damos a los animales no humanos no se lo quitamos a los humanos. Tenemos un deber de humanidad hacia los animales porque son mucho más débiles que nosotros”, sostiene.
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