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A veces me preguntan quién era Cabezas

Por GLADYS CABEZAS (*)

A veces me preguntan quién era mi hermano. Yo les voy a contar quién era José Luis Cabezas, reportero gráfico asesinado el 25 de enero del 1997.

Mi hermano era ese intruso rubio de ojos celestes que el 28 de noviembre de 1961 apareció sin pedir permiso. Era el que me obligó a compartir la teta de mi mamá para alimentarse y los brazos de mi papá para dormirse.

Era ese chico travieso que un día comiendo un caramelo se ahogó y lo tuvieron que llevar de urgencia. Ese día pensé que lo perdía, pero eso no podía pasar, nada nos separaría. Así que volvió sonriente con sus ojazos hinchados de llorar. Mi hermano era ese niño que compartía los juegos, era el que me peleaba, era al que yo le gritaba y éramos los que por portarnos mal terminábamos en penitencia en la habitación que compartíamos y riéndose porque mami no nos alcanzó para la paliza, -que era una caricia en sus manos- o el “ya verán cuando llegue papá”.

Mi hermano era ese nenito regordete que un día en las playas de Quilmes le sacaron una foto a el solito con su pelota y la teníamos que esconder porque cuando la veía decía que lo habíamos abandonado.

Mi hermano era ese adolescente que compartía conmigo amigos, salidas y travesuras, hasta que un día se convirtió en un hombre y me empezó a cuidar y fue compinche en mis locuras de adolescencia y fue cruel en las miradas de mis pretendientes.

Mi hermano fue ese padre que me regaló tres sobrinos hermosos a los que me dejó amarlos, malcriarlos y cuidarlos como a un tesoro.

Mi hermano pasó a ser para mí un desconocido y de todos, su hermano, porque el día que vi millares de personas gritando “Cabezas Presente” me di cuenta que no lo tenía y que lo estaba compartiendo, cosa que me partió el alma porque ya no lo tendría físicamente.

Por eso al cumplirse 20 años de su cruel asesinato en manos de personas sin códigos de vida, lo recuerdo, lo pienso, lo lloro, lo admiro, lo hecho de menos. Le hablo, le pido y le cuento que nunca, pero nunca dejará de ser mi hermanito del alma, y que siempre, siempre, siempre lo llevaré en el corazón y lo defenderé hasta quedarme sin aliento.

Te amo, José Luis Cabezas. Yo, tu hermana.

Bueno, ahora ya saben quién fue mi hermano, por eso les pido que lo recuerden siempre con ese grito de “Cabezas presente”, que él desde el cielo, en una estrellita que es nuestro secreto, los está mirando con una sonrisa y sus ojos celestes con una lagrimita.

(*) Hermana de José Luis Cabezas .

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