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Estar las 24 horas conectado, un nuevo trastorno que va creciendo

Estar las 24 horas conectado, un nuevo trastorno que va creciendo

Por Redacción

Los expertos admiten que en este período del año aumenta el tiempo que los chicos pasan en la red. Cuáles son los riesgos

Ni la playa, la pileta o algún espacio al aire libre. Llegan las vacaciones y, según se alerta, los chicos pasan hasta un 40% más de tiempo frente a la computadora, la mayoría de ellos conectados y pendientes de lo que sucede en las redes sociales. Si bien a nadie sorprende que mayor tiempo de ocio traiga más horas de navegación, no son pocos los que señalan los riesgos de este incremento y hablan del FOMO, un nuevo trastorno expresado por el miedo irracional a perderse algo del mundo virtual.

Utilizado hace relativamente poco por psicólogos y pediatras, el FOMO (por las siglas en inglés derivadas de “Fear of Missing Out”) se presenta como una conducta cada vez más repetida entre los adolescentes y que se caracteriza por esa necesidad casi imperiosa de estar pendientes de lo que ocurre en las redes sociales todo el tiempo.

“Este es un fenómeno producto del aburrimiento y los problemas de la gran ciudad, que hace que los chicos permanezcan mucho tiempo en sus casas cuando no están en la escuela”

“Hoy un chico con escolaridad de media jornada puede estar entre 7 y 8 horas en Internet, pero en vacaciones ese tiempo se prolonga”, se apunta desde Trend Argentina, una empresa dedicada al desarrollo del software de seguridad que analizó los hábitos de navegación por Internet en días de verano. Los datos revelan que ya en época de clases se supera ampliamente lo recomendado por organismos como la Academia Americana de Pediatría (AAP), que aconseja que los niños mayores de 2 años no pasen más de 1 a 2 horas al día ante una pantalla.

“Este es un fenómeno producto del aburrimiento y los problemas de la gran ciudad, que hace que los chicos permanezcan mucho tiempo en sus casas cuando no están en la escuela o en la colonia. Hay que tener en cuenta que los chicos recién empiezan a circular solos a partir de los 12 ó 13 años y que en los edificios no existe el vecino. Esto también motiva la ansiedad por no querer perderse nada de lo que ocurre online”, explican en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

El tema se vuelve más complejo si, como dicen los expertos, se tiene en cuenta que el tiempo habitual que pasan los adolescentes frente a una pantalla ya es de por sí bastante prolongado. “Las encuestas más recientes indican que los chicos argentinos pasan 5 horas diarias -precisa Roxana Morduchowizc, especialista en cultura juvenil y autora del libro “Los chicos y las pantallas”-. Sin embargo, los de mejor nivel socioeconómico suelen estar aún más tiempo conectados, porque tienen su propio smartphone” (ver aparte).

Acaso con otro enfoque, desde la Sociedad Argentina de Pediatría también se hacen eco del problema. “En la medida en que los chicos tienen la vista fija en el monitor y están demasiado próximos a la pantalla y pendientes todo el tiempo de lo que sucede en ella -aseguran-, se produce sequedad en la vista, por eso el monitor debe estar ubicado a una cierta distancia y la visualización debe hacerse con anteojos para no forzar la vista. Además, si los monitores y el teclado no están a determinada altura pueden producirse trastornos de postura y aparece así el dolor de espalda, de cervicales, o de las manos”.

A largo plazo, el uso excesivo de la PC puede favorecer el desarrollo de obesidad infantil si es que este comportamiento va acompañado de una mala alimentación. Otro de los riesgos, se apunta, es el desarrollo de conductas adictivas como la ludopatía, que se define como la adicción al juego. “Es muy difícil poder establecer cuándo este tipo de conductas se vuelve adictiva -sostienen los especialistas-, pero en los chicos que han desarrollado la adicción hay una retracción del círculo de amigos y pasan mucho tiempo solos, o acompañados pero en su mundo virtual”.

A nivel psicosocial, los expertos advierten sobre la disminución del juego creativo, del contacto presencial con el otro y de la introspección que trae aparejado el estar mucho tiempo conectado. “Con la PC cambia el tipo de juego -dicen en la Sociedad de Pediatría-, que ya no es un juego creativo sino programado por un adulto, y la introspección también se ve afectada porque frente a la pantalla no se piensa, sólo se actúa. Eso no pasa cuando se lee un libro, por ejemplo, porque estás en la letra y de repente empezás a imaginar cosas. En la pantalla sólo hay estímulos permanentes para la percepción”.

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