Minutos antes del atardecer del martes, la fugaz tormenta que sobrevoló el casco histórico platense dejó como recompensa no sólo una merma en la temperatura agobiante, sino un puñado de postales impactantes. Mientras en algunos barrios afloraron los arco iris, en otros los bordes del cielo se tiñeron de amarillo y anaranjado; fenómenos de reflexión y refracción de la luz menguante del sol en retirada, que convirtieron por un momento los escenarios cotidianos en paisajes intrigantes y sugestivos
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