Los primeros días de la flamante administración de gobierno en Estados Unidos, no pasarán inadvertidos para los historiadores. Y es que la primera semana en el poder de Donald Trump, no sólo marcó un notorio cambio de estilo respecto a su antecesor, Barack Obama, sino también estuvo signado por un giro de 180 grados en la política, especialmente internacional y su relación con los países vecinos.
Trump asumió el viernes de la semana pasada, con la firma de su primer decreto, una orden ejecutiva según la jerga del país del norte, donde ya derogó buena parte del sistema de seguridad social conocido como Obamacare.
Sin embargo, su trabajo oficial se inició el lunes, sentado ya en la Oficina Oval de la Casa Blanca, donde una vez más apeló a la firma de decretos para avanzar con su plan de gobierno, ese que exhibió en su campaña y muchos creían que no podría llevar adelante.
EL FIN DEL TPP
Pero desde su llegada formal al escritorio presidencial comenzó eliminando algunos de los tratados trabajosamente elaborados por su predecesores. Y borró sin contemplación el acuerdo comercial Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), un tratado que nunca llegó a implementarse, porque no logró la aprobación del Congreso, pero que era la gran apuesta de los demócratas para potenciar la recuperación económica del país, que ya había sacado de la crisis la administración Obama.
Así dejó en claro que las promesas de campaña eran una verdadera propuesta de acción, al menos en materia de relaciones comerciales internacionales.
El mismo día también anunció una reducción generalizada de impuestos para la clase media y las empresas, entre un 15 y un 35 por ciento. Y además volvió a advertir a las empresas que lleven su producción fuera del país que sufrirán complicaciones y mayores cargas aduaneras.
No menos controvertida fue la decisión adoptada el martes de poner fin a las políticas de Obama a la construcción de oleoductos, que podrían causar daños ambientales. Así mediante otra orden ejecutiva, puso a los ecologistas en pie de guerra.
Autorizó los oleoductos Keystone XL, diseñado para transportar petróleo crudo desde Canadá a refinerías en EE UU, y el Dakota Access, que atravesará territorio indígena en Dakota del Norte. En cambio le bajó el tono a la disputa con las automotrices, pero mantuvo su advertencia de que si se van a producir a México la van a pasar mal.
Ya el miércoles Trump anunció otra medida controvertida, dado que por Twitter amenazó con intervenir Chicago si no para la “carnicería” de la delincuencia. Y dijo que pedirá una gran investigación sobre fraude electoral, afirmando que entre tres y cinco millones de votos fueron de indocumentados y a favor de Hillary.
El jueves volvió a tensar la cuerda con Peña Nieto a través de Twitter, lo que generó la suspensión del encuentro bilateral previsto para el martes.
Y ayer acusó a los mexicanos de beneficiarse del tratado comercial (el NAFTA), aunque finalmente tendió puentes con Peña Nieto (ver aparte).
SUSCRIBITE a esta promo especial