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Los enemigos de la ficción local

Por Redacción

Telefé y El Trece estrenaron esta semana tiras en el horario central, pero el público reaccionó con la misma tibieza que en los últimos años. ¿Qué le pasa a las series nacionales?

Tras un 2016 donde las ficciones locales perdieron presencia en las pantallas de aire, esta semana Telefé y El Trece decidieron, como en una rebelión conjunta, iniciar el año con una fuerte declaración de principios y lanzaron en simultáneo nuevas ficciones nacionales: el misterioso drama “Amar después de amar” en Telefé, y el regreso a la telecomedia para El Trece con “Quiero vivir a tu lado”.

Sin embargo, las mediciones rondaron los 10 puntos de rating para ambas, lejos de las cifras que marca en “piloto automático” “Moisés”, volviendo a dejar en evidencia el desinterés de las audiencias por la ficción argentina. Cierto, la “pantalla dividida” perjudicó a ambos en esta primera semana, y con el correr de los días puede ser que más gente se integre a las tiras a medida que regresen de las vacaciones. Pero el panorama no deja de ser preocupante, sobre todo de cara al futuro, para la industria televisiva.

¿Quién tiene la culpa de la crisis? ¿Los enlatados? ¿Los canales? ¿Los autores? La situación parece bastante más compleja, con una serie de actores y situaciones conspirando para alimentar un verdadero círculo vicioso de éxodo de público de los canales tradicionales.

A continuación, repasamos las principales causas de un fenómeno que tiene en jaque a la ficción.

Exodo masivo

Las estadísticas son claras: el público ha huido masivamente de los canales de aire en la última década. La masividad del cable y el reciente desembarco de los servicios de streaming brindó múltiples opciones a la audiencia, generando que en 2016 el encendido televisivo volviera a caer, como hizo durante los últimos 12 años, en los cuales el encendido televisivo disminuyó en 12.6 puntos promedio de rating: más de un millón y medio menos de televidentes para los canales de aire en Capital y Gran Buenos Aires, que es el área alcanzada por las mediciones de Ibope.

Y aunque 10 puntos de rating siguen siendo una ventana atractiva para las empresas que desean publicitar en televisión (constituyen un millón de consumidores), el valor de la publicidad en el aire ha caído en picada debido a que ha perdido el monopolio del televidente y a que el anunciante tiene, hoy, muchas más ventanas donde colocar su producto. La ecuación es simple: menos dinero de publicidad, menos dinero para producir contenido.

Los presupuestos

Los presupuestos no sólo se achican por la caída del valor del minuto de publicidad: los costos de producción de ficción también se han encarecido debido a la devaluación del peso, una situación que excede a los canales y las productoras, que encuentran así grandes dificultades para competir, al menos en término de producción y de incentivos económicos, con los grandes estudios del mundo. Y si antes eran apenas un puñado las ficciones que llegaban desde fuera, hoy el cable y los servicios on demand ponen a disposición lo mejor, lo bueno y lo mediocre del resto del mundo al alcance de un click.

Los enlatados

Pero la audiencia no sólo encuentra los grandes éxitos de la ficción extranjera en Netflix: también, desde “Avenida Brasil” y mucho más desde “Las mil y una noches”, en el aire de los canales. Los estudios de Brasil, Turquía y hasta Corea del Sur han encontrado en Argentina un mercado necesitado de productos para rellenar la grilla, y comprar un megaproducción puede ser hasta diez veces más baratos que crear un programa mediano para las tardes televisivas. Así, la grilla de los canales, después del mediodía, se pobló de “enlatados”, que para sorpresa de los canales comenzaron a rendir muy bien en el rating: “Las mil y una noches” comenzó, por ejemplo, en las tardes de verano, horario de playa, y debido a la gran respuesta del público terminó transformándose en la estrella del horario central.

Desfasaje

La sorpresa de los canales revelan un enigma en el eje de la crisis: ¿quiénes miran televisión abierta? Un análisis de números y productos revelan que la audiencia que se acerca a la tevé de aire está acostumbrada al culebrón clásico y “blanco”, pero las producciones argentinas siguen apostando por “modernizar” (a veces de modos formulaicos) la ficción para acercarla a un segmento de la población que quizás ya haya huido hacia otras pantallas, otro tipo de serie, otras formas de ver.

Formas y modos

Este segmento de la audiencia, los jóvenes, un nicho atractivo para los anunciantes, está volcado a otro formato: los canales de aire recién han comenzado la transición hacia el streaming, que permite a la audiencia mirar según su deseo en cantidad y horario, y no depender de una hora fija, y siguen produciendo series larguísimas que se contraponen con las nuevas formas de ver. En el exterior, las series acortan cada vez más su duración para maximizar su presupuesto, y debido a ello pueden mirarse de un tirón, algo que los servicios de streaming facilitaron y que ahora se ha vuelto una costumbre para el espectador.

El rating

Lejos todavía de las lógicas que han generado las nuevas pantallas, los canales de aire siguen movilizándose por la lógica del rating: los productores modifican sus programas según el minuto a minuto, recortando la libertad y la visión de los autores, aunque en los últimos años han conseguido recuperar algo de autonomía. “La Leona”, “Entre caníbales” y “ADDA” se grabaron previo a su emisión, evitando intromisiones, por ejemplo. Pero en El Trece el viejo modelo continúa hegemónico, y ante la desesperación creciente por la falta de puntos en Ibope se genera un círculo vicioso: baja el rating, bajan los avisos, suben los problemas económicos, aumentan los volantazos y, casi siempre, el público se termina agotando de giros efectistas y el rating desciende un poquito más.

La masividad del cable y el reciente desembarco de los servicios de streaming brindaron múltiples opciones a la audiencia, generando que en 2016 el encendido televisivo volviera a caer en 12.6 puntos promedio de rating, como hizo durante los últimos 12 años

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