La prudencia
Juan Blasco refiere: “La prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales. Se dice que es la más importante de las cuatro porque las otras dependen de ella, que vincula al sujeto a la medida objetiva de la realidad y lo conecta con el ser de las cosas. Reside en la razón práctica que ordena rectamente nuestro obrar y facilita la elección de los medios conducentes a nuestra perfección. En el lenguaje corriente se suele considerar prudente a la persona serena, que no se precipita en los juicios, que es ponderada, que suele informarse antes de actuar, considerando los pros y los contras. No se puede considerar prudente a la persona que nunca toma una decisión. Precisamente la prudencia nos indica si la decisión hay que tomarla ya o es más conveniente esperar hasta tener más datos. En modo alguno se puede considerar prudencia a ese ‘dolce far niente’ que dirían los italianos. La prudencia abarca a la persona, tanto en su ser material como espiritual. La prudencia puede ser un signo de madurez humana”.
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